miércoles, 21 de marzo de 2012

PROSTITUTAS Y POLÍTICA




                                                                                                                                 por Agustín Muñoz V.



El prematuro verano mediterráneo mezclado con la fresca brisa que apenas traspasaba las montañas y que traían el perfumado aroma de Grasse, motivaban a una larga y despreocupada caminata por el concurrido Paseo de los Ingleses en Niza. Abriéndonos paso y a veces zigzagueando entre elegantes parejas de acomodados ancianos, de espectaculares francesas que cubrían sus nalgas solo con algo parecido a una minúscula cinta de regalo, de jóvenes risueños y veloces en sus estilizados patines y de africanos y árabes resueltos a vender sus inútiles mercancías, nos dirigíamos casi por intuición a la terraza de un atestado Negresco que a cada momento parecía más difícil de alcanzar, dificultad acrecentada por un pequeño grupo de personas que entorpecía más aún el desplazamiento. Intentamos en vano atravesar la calle, inhibidos más por las miradas y bocinas reprobadoras que por temor a los vehículos y continuamos en lenta marcha hasta el gentío que iba en aumento. Casi rodeada por una veintena de curiosos se levantaba de uno de los asientos que miran hacia el mar, altiva y con una dignidad ejemplar, una mujer de probables ochenta años, alta, delgada, elegante y con un rostro adusto, lleno de determinación y que a pesar de un no disimulado rictus de desagrado, tenía aún las huellas de una belleza que se fue. Muchos la fotografiaban, otros comentaban en murmullos y la miraban con una mezcla de admiración y sorpresa. Pensamos que era una famosa actriz de cine, tal vez una millonaria americana o alguna política europea desconocida para nosotros. Pregunto a un joven que parecía paparazzi o periodista a juzgar por las miles de fotos que tomaba desde diversas posiciones. Nos contestó al cabo de un silencio interminable, molesto por haber interrumpido su tarea: “Es Madame Claude” y corrió para alcanzarla. Sin ningún temor ni inhibición Madame Claude se perdió entre los vehículos, dejando la visión de una silueta vestida de negro que se hacía cada vez más difusa como en esos sueños inconclusos.

El mozo del bar del Negresco, que en más de una ocasión frecuentó Saint-John Perse, uno de los mejores poetas franceses de todos los tiempos, satisfizo nuestra curiosidad y nos habló del personaje que ha sido objeto de varias biografías, libros, artículos, crónicas y hasta de una exitosa película. Madame Claude fue una proxeneta de renombre en los años 60 que revolucionó a nivel internacional el mundo de la prostitución de lujo. Hija de una familia provinciana pobre de la Francia profunda, educada en los más estrictos cánones de la religión católica, emigra a Paris donde ejerce diversos oficios, incluido el de ramera. Fue una activa resistente durante la ocupación alemana e internada en un campo de concentración. Posteriormente se relaciona con personajes de la política y de la mafia hasta que le compra a una amiga una red de prostitución que en muy poco tiempo la transforma en uno de los negocios más rentables y prósperos gracias a la tecnología y a su toque personal. Todo se pasa a través del teléfono. Las citas, las peticiones extravagantes, las direcciones, el tipo de mujeres, los gustos especiales del cliente y por cierto la tarifa. Es el nacimiento de las call girls. Las chicas son estrictamente seleccionadas por su belleza, por su inteligencia y por su comportamiento en la cama. Para los dos primeros aspectos es Madame Claude, cuyo nombre real es Fernande Grudet, quien toma las decisiones. Para el tercer tópico es un conocido y envidiado escritor y cineasta de la época quien realiza los necesarios test. Una vez seleccionada entre cientos de postulantes, el noviciado se inicia con un proceso de culturización y de urbanidad en que las lecturas de algunos clásicos son obligatorias, así como visitas a museos, obras de teatro y aprendizaje de idiomas. La vestimenta, el cuidado del cuerpo y las joyas que deben combinar, forman parte de las lecciones que imparte la propia Madame. Todos los deseos de los clientes deben ser satisfechos, aun los más curiosos e insólitos. La discreción y la prudencia forman parte de las reglas de este selecto ejército de call girls de gran lujo y refinamiento. Son muchas las personalidades del mundo de la finanza, de la política, del deporte, de la cultura etc. que formaban parte de su clientela exclusiva y distinguida. Tal vez por ello fue ampliamente protegida. Dicen sus biógrafos que un conocido presidente de los Estados Unidos, amante de los puros y de las bellas féminas, recurría frecuentemente a sus servicios, al igual que un ya fallecido e importante hombre político francés que le brindó protección y que ella le retribuyó con algunos importantísimos secretos obtenidos en alcobas de altos dignatarios. En una ocasión, por ejemplo, una de sus muchachas le contó de la conversación telefónica que un dictador africano protegido de Francia, realizó en su presencia y que luego, agradecido por las maravillas que le prodigaba en su lecho, le dio detalles más precisos de su futura alianza con una potencia contraria a los intereses económicos galos. A las dos semanas de esta revelación los paracaidistas franceses tocaban suelo africano y el parlanchín dictadorzuelo era reemplazado por otro más leal. Los servicios secretos franceses utilizaban tanto a nivel nacional como internacional las confidencias de Jefes de Estado y de personalidades políticas para sus análisis de inteligencia en los que la red de Madame Claude fue fundamental. Todo cambió a partir de 1974 con la llegada de un nuevo mandatario, de una nueva legislación sobre la prostitución y los problemas de Fernande se acrecentaron, pues era una persona que ahora molestaba. Solo fue encarcelada en 1992. Luego de algún tiempo en prisión, fijó su residencia primero en los Estados Unidos y luego, al parecer, en Niza, donde vive una vejez apacible, a veces interrumpida por indiscretos paparazzi. No entregó jamás su famosa y voluminosa libreta negra desbordante de nombres y de secretos, a pesar de haber puesto, algunos de ellos, al servicio de varios gobernantes.

Nuestra conversación continúa y deriva hacia otros tópicos, pero el recuerdo de Madame Claude se impone. Pensamos en otras mujeres de profesión similar que hayan influenciado en política o que hayan servido a intereses políticos. Aparecen nombres dispersos que lanzamos como en un desordenado brainstorming en el que la cronología poco importa.

Aparece la infaltable espía múltiple Margharetha Geertruida Zelle, conocida como Mata Hari, quien se servía de su cobertura de bailarina y prostituta para obtener secretos militares que pasaba de inmediato a los enemigos de Francia. Fue fusilada por los franceses en octubre de 1917, poco antes del término de la Primera Guerra mundial.

“Il ne faut pas oublier La Paiva” nos susurra discreto el barman que ha seguido atento nuestra conversación, refiriéndose así a Ester Pauline blanche Lachmann que fue la más célebre de las prostitutas y cortesanas del siglo XIX. Hermosa, determinada y perteneciente a las no sometidas en el lenguaje policial, es decir a aquellas que no pudieron ser fichadas en el ejercicio de su profesión, se elevó a la cúspide de la riqueza y del poder, a pesar de períodos de enormes dificultades económicas, rayanas en la miseria. Cliente apreciada de Boucheron, los recientemente publicados archivos secretos de este joyero de renombre dan cuenta de los millones que gastó en brillantes y otras piedras preciosas. En pleno período de guerras y conspiraciones, sus influyentes amantes y amistades le proporcionaban, además de dinero, joyas y castillos, informaciones que transmitía a los prusianos. Tuvo que abandonar Francia acusada de espionaje, pero su matrimonio con el conde Guido Henckel de Donnersmarck, primo del canciller Bismarck corona su triunfo económico y le permite vengarse de las humillaciones sufridas en el hexágono. En el momento en que se negocia el armisticio con Prusia, logra influenciar a su esposo y al propio canciller para que la indemnización que debió pagar el país galo por costos de guerra fuese aumentada sustancialmente. Fue tanto el amor de su esposo por la Paiva que cuando ésta muere y ya casado con Catherine de Slepson, la joven esposa descubre con horror, en una de las dependencias del castillo, los restos mortales de la cortesana flotando en un urna de cristal repleta de una solución de alcohol.

Los nombres de Gaby Deslys quien en 1902 realiza, además de otros menesteres, el primer Striptease en Paris y que más adelante espió por cuenta del gobierno francés al propio rey Manuel II de Portugal; el de la alemana del este Gerda Munsiger que ejercía en un lujoso cabaret de Montréal a fines de los cincuenta hasta mediados de los sesenta y que aprovechaba de obtener secretillos de seguridad nacional a los ministros y parlamentarios que allí conocía, los cuales transmitía a las autoridades de la RDA, o el de Emilia, mujer bella, de gran carácter que ejerció una gran cantidad de oficios, incluso el del que hablamos. Logró seducir al avaro y beato dictador portugués Antonio Salazar y le probó su lealtad denunciando judíos importantes en plena segunda guerra mundial y leyéndole los astros .Le predijo algunas buenas noticias y el derrame cerebral que le ocasionaría la muerte algunos pocos años después.

Nos acordamos de John Profumo, Ministro de guerra británico en los años sesenta, que por intermedio de un médico y proxeneta de apellido Ward conoce a la bellísima Christine Keeler quien al mismo tiempo que le procuraba amor del bueno como dice José Alfredo Jiménez en Un Mundo Raro, le extraía secretos militares que transmitía al agregado naval soviético Yevgeny Ivanov. El desliz de Profumo terminó con su renuncia, con la condena de Christine Keeler, el suicidio de Ward condenado por proxenetismo, la partida de Ivanov y en un escándalo político de proporciones que motivó la renuncia del Primer Ministro Inglés Harold MacMillan, el mismo que poco tiempo antes, al bajar de un avión se emociona ante cientos de miles de melenudos jóvenes londinenses que gritaban entusiasmados; orgulloso le dice a su asistente que ante tanto fervor hacia su persona debe dirigir unas palabras a esa juventud agradecida. Su asistente no se atreve a mirarlo, pero le murmulla: - My Lord, esperan a los Beatles que vienen atrás, en clase turista.

El tiempo pasa raudo, el sol se ha escondido y ya ni contamos los vasos de etiqueta negra desbordante de hielo que han sido consumidos. Hablamos de todo: de las montañas ginebrinas, de la comida francesa, de la caza de gibiers, de felinos. No hay caso, el mono tema perdura y hasta interesa a otros habitúes. Un elegante italiano de Ventimiglia, tierra del Corsario Negro, a quien el barman lo trata de Commendatore, nos interrumpe y nos habla de la Cicciolina, de la escritora genovesa Griselidis Real, que ejerció como prostituta durante treinta años para dedicarse luego a luchar por los derechos de aquellas personas que han decidido ejercer oficios del sexo, Le refutamos con ardor sus dos ejemplos pues, independientemente de su profesión, se trata de militantes que ejercen la política que es algo diferente a lo que platicamos. Empecinado, insiste con la bella Ruby que tuvo por las cuerdas a Berlusconi. Nuevo rechazo pues argumentamos que no ejerció influencias políticas en el Jefe de Estado, solamente tarifó. Nos pregunta entonces, algo molesto, por América Latina. Nos dice que él está al corriente de que hubo incluso algunas heroínas y otras que incluso gobernaron.

Nos defendemos como diestros espadachines de esta provocación. De por medio está el honor de Latinoamérica. Le enrostramos su atrevimiento y hasta su ignorancia, pues tiende a confundir la profesión de artista de teatro, de variedades, de bailarina, con la de prostituta, confusión bastante frecuente y malintencionada. El habano de mi amigo casi le roza la cara cuando le dice con voz terrible que a las mujeres liberadas no se les puede confundir con meretrices. Nos rebate que no es así, que él ha leído, que su condición de asistente de bibliotecario le ha permitido saber muchas cosas. Nos desafía con consultar su flamante blackberry y hasta el Who is Who. No le aceptamos nada. Lo volvemos a increpar y le explicamos enardecidos que si se refiere a la “Güera Rodríguez”, patriota mexicana y mujer liberada e inteligente que contribuyó poderosamente a la independencia de América, es una injuria gratuita rayana en el neocolonialismo. Que la Perricholi, amante del Virrey Amat fue una gran artista teatral y que los que la han tratado de otra cosa son unos infames.

Irritado me espeta mencionando a la chilena Carlina y a Isabelita Martínez. Sorbo lentamente lo que resta en el vaso y le explico que doña Carlina Morales efectivamente fue una prostituta de renombre en el Santiago de los años 50 y que su burdel de la calle Vivaceta 1226 fue frecuentado por muchas personalidades, atraídos por un conjunto de travestis denominado el Ballet Azul, pero que a mi conocer no hubo relación alguna con la política. Lo desafío a que me contradiga. Calla por un momento y levanta las cejas esperando casi triunfante por lo de Isabelita. Continúo, molesto por su empecinamiento, que hay coincidencia en todos sus biógrafos que la argentina presidenta fue bailarina en el cabaret Pasapoga de Caracas. Mi amigo asiente entusiasmado y agrega que también bailó en el Caracol de Bogotá y que en el night club Happy Land de Panamá conoció en 1956 a Perón. Le insisto en que no hay pruebas ni testimonios de otra cosa y que si de algo se le puede acusar es de haber sido cómplice de López Rega y de sus 3A, de haber permitido en democracia la prisión, tortura y muerte de miles de compatriotas y extranjeros. Que ello es su sola e importante mácula.

Nos evoca entonces de manera casi triunfal un nombre sacrosanto. No lo dejamos terminar. Castigamos su insolencia y somos expulsados del local. El barman explica a los asombrados parroquianos: “Ils se sont disputés á cause de putes”.











martes, 10 de enero de 2012

SECRETOS PARCIALES DE UN AUTOFLAGELANTE

                                                                                                                                 por Agustín Muñoz V.

Han pasado casi 39 años desde que Augusto Pinochet encabezara el golpe de Estado de 1973, imponiendo una brutal dictadura que dejaría profundas huellas en nuestra sociedad. Ni siquiera los veinte años de gobierno de la Concertación eliminarían el perverso legado cultural, político y societal impuesto por el dictador con el apoyo explícito o el consentimiento tácito de la inmensa mayoría de nuestros actuales gobernantes, legisladores y miembros del poder judicial.
Las masivas protestas estudiantiles y ciudadanas contra las enormes desigualdades en la educación, iniciadas bajo el gobierno de Michelle Bachelet y continuadas durante la presidencia de Sebastián Piñera, son el resultado, por una parte, de una mayoritaria reivindicación ciudadana por el acceso democrático e igualitario a una educación de calidad y gratuita y, por otra parte, han tenido el mérito de haber abierto el debate y el interés por los temas más complejos y cotidianos de las desigualdades existentes en Chile, así como sobre la pertinencia de una urgente y profunda reforma tributaria que permita avanzar en la búsqueda de la equidad y terminar con los abusos de las enormes excepciones tributarias que favorecen a las grandes empresas, aplicando , por ejemplo, un impuesto único sin distinciones entre utilidades devengadas y retiradas .
Recuerdo como nuestra clase política se desentendió totalmente cuando en el año 2002, David de Ferranti, Vicepresidente del Banco Mundial, expuso su informe sobre las desigualdades en Latinoamérica, destacando que Chile era el país más desigual del continente y uno de los más desiguales del mundo. No hubo ningún comentario en los medios de comunicación absolutamente controlados por la derecha. Muchos de nuestros compañeros de la concertación guardaron un silencio cómplice, ignorando igualmente el mencionado informe. Hoy en día la desvergüenza de los que apoyan al actual gobierno y que sostienen que en Chile las desigualdades son muy leves, los lleva incluso a poner en duda científicos indicadores metodológicos como el coeficiente de Gini que mide el grado de desigualdad existente en materia de redistribución del ingreso.
Las desigualdades no se dan solamente en el terreno de la educación, tan cuestionada por la ciudadanía, sino en el terreno de la salud, convertida en la gran injusticia nacional y en un negocio de proporciones sin límites, en el de las pensiones, en el de los salarios, en las discriminaciones por sexo, por raza, por origen étnico, en las limitaciones de nuestra legislación del trabajo que en síntesis es casi la misma que promulgó en 1979 el hermano del actual gobernante, José Piñera, y que fuera conocida como el Plan Laboral. Las rigideces impuestas por la dictadura a la sindicalización, a la negociación colectiva, a las indemnizaciones por años de servicio, a la protección en general del trabajador, no han variado en lo esencial y las pocas evoluciones positivas han sido gracias a los dictámenes emanados de la Dirección del Trabajo.
Las desigualdades se dan también en las posibilidades de participación ciudadana en los asuntos públicos o en las estructuras políticas, y esto es válido para el conjunto de la clase política, tanto de izquierda, de centro o de derecha, pues se han constituido herméticos centros de poder que operan como castas, permitiendo el acceso solo a familiares o a aquellos más incondicionales y descartando las voces disidentes. La crisis de credibilidad de la Concertación, el gran rechazo ciudadano a los partidos políticos y a sus dirigentes - salvo la conocida excepción de Michelle Bachelet - explicitado en todas las encuestas de opinión existentes, es una muestra preocupante para la democracia y es el reflejo del autoritarismo que ha existido y perdura en el conjunto de la clase política, Concertación incluida.
A pesar de que durante la Concertación, fundamentalmente durante el gobierno de Ricardo Lagos, se logró una importante cantidad de paulatinas reformas a la Constitución impuesta durante la dictadura, cuyo artífice fue una de las figuras emblemáticas del pinochetismo, convertido en divinidad nacional por los más ortodoxos de la derecha beata, hasta hoy el sistema binominal impera todopoderoso, al igual que la fuerte dosis de presidencialismo que reduce al parlamento a su más mínima expresión y lo disminuye ante la población. Es lo que Ominami denomina Monarquía Constitucional.
Muchos se han preguntado y todavía se preguntan cuáles fueron las razones que una coalición democrática gobernante o algunos de sus integrantes, con dos partidos etiquetados de izquierda, con pasado socialista y con algunos dirigentes auto confesos de ser marxistas leninistas no haya levantado su voz con energía para explicar a la ciudadanía o a los militantes de sus partidos el porqué una fuerza democrática, progresista, anunciadora del cambio social, de la alegría, se convierte paulatinamente en administradora de una gestión eminentemente neoliberal en lo económico, tímidamente progresista en lo político e incapaz en veinte años de gobierno, de realizar las transformaciones políticas y sociales que las grandes mayorías esperaban
Mucha gente se preguntó en su momento, sin haber tenido ninguna respuesta, porqué se designaban en importantes tareas del gobierno democrático a personeros que habían tenido una actuación pública destacada en la desestabilización y caída del gobierno del Presidente Allende, como fue el caso de Federico Willoughby, por nombrar solamente a uno que ocupó durante largo tiempo oficina en La Moneda, o la razón del nombramiento de algunas altas autoridades del Ejercito que de alguna manera, aunque haya sido indirecta, estuvieron relacionadas con violaciones a los derechos humanos, o el apresuramiento institucional por liberar a Pinochet de su presidio en Londres.
La ciudadanía y la militancia de los partidos de la Concertación tampoco tuvieron respuestas acerca de la tolerancia de los gobiernos democráticos en algunas materias complejas como lo fueron el negociado de la quebrada empresa Valmoval que el hijo del dictador vendió al ejército y que el estado chileno debió solventar en su integralidad bajo la amenaza de un nuevo golpe de estado; o la venta, a precio vil, de empresas nacionales a privados, una suerte de piñata nicaragüense, con ventajas indiscutibles para los nuevos propietarios; o algunos conocidos actos de corrupción ocurridos en democracia. Tampoco nunca se informó o se transparentaron los fondos que se recibieron del exterior para el financiamiento de las campañas políticas de algunos de los más importantes dirigentes de la izquierda chilena o el intempestivo enriquecimiento de algunos líderes concertacionistas que se reconvirtieron en empresarios. Menos información hubo de la utilización de los fondos reservados de algunos importantes ministerios.
Luego de la derrota sufrida por la concertación y el triunfo de la derecha que luego de medio siglo accede al gobierno por medio del voto popular, hubo un sinnúmero de inconexas explicaciones de la hecatombe que, más que análisis serios sobre el comportamiento ciudadano, se centraron las más de las veces en recriminaciones que no entraron en lo sustantivo, ni se establecieron las medidas necesarias para ir hacia una recomposición de los partidos, de sus plataformas ideológicas, del recambio de sus dirigencias y hacia un acercamiento con la ciudadanía.
El reciente libro escrito por Carlos Ominami, uno de los más destacados políticos de los últimos veinte años, titulados “Secretos de la Concertación Recuerdos para el futuro”, pretende dar respuesta a algunas de estas interrogantes y no puede dejar indiferente a ninguna persona que haya sido protagonista o que tenga interés en estudiar o conocer algunos aspectos de la realidad política de Chile desde el término de la dictadura militar.
Ciertos capítulos, el mismo título de la obra y algunas de las reflexiones de Ominami quisieron recordarnos algunos aspectos del profundo análisis que en 1993 Jorge Castañeda hiciera de la izquierda latinoamericana en su “Utopía Desarmada”, texto de referencia obligado para los cientistas políticos interesados en nuestro continente. Muy lamentablemente el análisis de Ominami no profundizó más en conceptos políticos e ideológicos como el socialismo, la democracia, la participación ciudadana o el populismo, solamente hubo evocación de los mismos, centrándose esencialmente en la experiencia de los años de gobierno concertacionista.
Los nueve capítulos del libro que se desarrollan en 359 páginas de muy fácil lectura, con un lenguaje claro, ameno y sin ambigüedades son, entonces, un testimonio de las vivencias políticas directas del ex miembro de la comisión política del Partido Socialista, ex senador y ex ministro de economía quien se caracterizó durante los veinte últimos años por tratar de promover un debate de ideas y una reflexión crítica en torno a los logros, dificultades y errores del gobierno democrático y de los partidos que la integran, a objeto de enmendar rumbos y recuperar la adhesión popular. De allí su ubicación en el bando de los autoflagelantes (término también puesto de moda por Castañeda), es decir de aquellos que trataron de impulsar una autocrítica con posterioridad a las elecciones de 1997 y que de alguna manera fueron silenciados por el peso del poder del cual formaban parte. En esto hay un mérito indiscutible del ex senador y que tal vez lo pueda exhibir con orgullo. Ha sido una de las pocas figuras del socialismo chileno y tal vez de la izquierda, junto a Carlos Altamirano y a Jorge Arrate, que ha tratado de propiciar un debate de buen nivel y con la verdad de por medio. Sus anteriores publicaciones como “La hora de la verdad” “El debate silenciado” y “Animales políticos” se orientaban a ello.
El reconocimiento especial que al inicio de su libro hace, Ominami, al no identificado mozo de La Moneda que señala que a pesar de los cambios de gobierno, los invitados son siempre los mismos, explicita muy gráficamente lo que ha sido la política en Chile al concentrar el poder en una elite de dirigentes que no se renuevan y que no permiten el acceso a otros que no sean de su propia casta o de su misma red. Durante el desarrollo de su relato esto es un leitmotiv, son siempre las mismas figuras, los mismos dirigentes, casi los mismos ministros y por poco los mismos presidentes. El propio Carlos Ominami no se salva. Es manifiesta su voluntad de estar en todo, en el partido, en la conducción política, en los ministerios, en el parlamento, en las relaciones internacionales etc. En otras palabras en la acumulación y monopolio de poderes, junto a su grupo, a sus incondicionales. Esto él mismo lo había puesto de manifiesto en “Animales Políticos”, escrito en 2004 y cuyo coautor es Marco Enríquez-Ominami. En esa publicación habla de la intensa relación que lo une con una hermética elite de importantes dirigentes socialistas que fueron conocidos como Los Cuchilleros.
Los cinco primeros capítulos son particularmente interesantes pues van paulatinamente dando cuenta de la evolución de la política chilena desde la dictadura a la democracia y de las dificultades de la transición que sitúan finalmente a los gobiernos de la Concertación, con la complicidad de los partidos políticos, en administradores más que en propulsores de un necesario cambio social.
Esta función de administradores del neoliberalismo, expuesta brillantemente por Carlos Altamirano y que Ominami niega sin mucho entusiasmo como expresión, pero que la dice con otras palabras, la explicita en el análisis muy bien logrado que realiza de los sectores clave de la discusión actual como la educación, la salud, las pensiones, la subordinación de los derechos laborales y en cierto modo de la soberanía, a las reglas del mercado y de la competitividad. Allí parece estar la cuestión esencial: una transición mal pactada, como la llama, que acepta finalmente que la política se subordine a las exigencias de una concepción económica muy alejada de los intereses de la mayoría de la población y junto a ello, la adhesión del conjunto de los partidos de izquierda o de centro izquierda a lo más sustancial de la ideología neoliberal que es el privilegio del individualismo por sobre lo colectivo, distanciando al ciudadano de la política y como él mismo lo dice “ la política deja de ser un elemento central para la vida y se transforma en un elemento accesorio”. Compartimos su fundamentado análisis aunque lo que se omite y que hubiese sido importante conocer son las razones de por qué, en el momento oportuno, no alzó con firmeza su voz al interior del PS, al interior de la Concertación o ante la opinión pública para informar de esta evolución, denunciar y hacer un llamado a la reflexión sobre los peligros que esa deriva implicaba y a tomar la decisión política que la rectificara. Tampoco sabemos las razones por las cuales no comprometió en esa crítica a los dirigentes de su círculo más cerrado, a sus incondicionales amistades, todos con responsabilidades direccionales que hasta hoy han guardado absoluto silencio.
El Salón de los Presidentes es el título del capítulo sexto donde se refiere a los presidentes de la Concertación. El análisis de la gestión de los cuatro mandatarios es sin duda descarnado,
implacable y muy valiente. No es que encontremos grandes revelaciones. Casi todo es sabido. El mérito es que le haya dado coherencia a situaciones que se conocieron por episodios y que haya tenido los cojones de exponerlo, a través del texto que comentamos, abiertamente a la opinión pública.
Los retratos de Eduardo Frei y de Ricardo Lagos, que forman parte fundamental de esta galería de ex presidentes son los que sin lugar a dudas recogen las mayores críticas. Al presidente Frei le atribuye Ominami el mal manejo en la conducción de la economía, la responsabilidad de la pésima gestión de la crisis económica, el deterioro de los partidos y la disminución de la representatividad de la Concertación como fuerza social representativa de las aspiraciones populares. La crisis política que vivió el país durante el mandato de Frei con motivo de la detención de Pinochet en Londres la aborda en capítulo posterior y conforme a la realidad histórica, Carlos Ominami se sitúa en el bando de aquellos pocos dirigentes políticos que consideraron que Pinochet debía ser juzgado en el extranjero al no existir las condiciones de un juicio equitable en nuestro país. No olvida mencionar a Jorge Arrate quien siendo Ministro, tuvo el coraje de celebrar esta detención. Pero tampoco olvida el rol que asumió, también con mucha valentía, José Miguel Insulza que según Ominami “se había transformado en una especie de portaestandarte de la posición que exigía la devolución a Chile del ex presidente, ex comandante en jefe y, en ese momento, senador vitalicio.” El rol de Ricardo Lagos en este asunto es presentado como oportunista, pues toma la decisión de desentenderse del asunto en aras de no comprometer su candidatura presidencial.
La presidencia de su amigo y compañero de luchas, Ricardo Lagos, es analizado con altos y con bajos. En su haber pone como hechos indiscutibles lo que denomina la respetabilidad republicana, al haber heredado una economía desastrosa con “una autoridad política erosionada”, que logra consolidar el poder civil por sobre el militar y el reencuentro entre civiles y militares. Punto importante de su gestión es la actitud del presidente por la defensa de la soberanía y de la independencia de Chile con motivo de la invasión de Estados Unidos a Irak que, a pesar de las vacilaciones iníciales, ordena votar en contra en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del que Chile formaba parte de manera no permanente. Le atribuye igualmente otros logros en materias de obras públicas y en salud. La consolidación del neoliberalismo, el acomodo a un régimen ultra presidencialista y su indiferencia por constituir una fuerza política que permitiese avanzar en un real cambio social son los principales reparos a la gestión del ex presidente, que para la militancia de izquierda son sin dudas reparos sustantivos que opacan los logros del mandatario.
A Michelle Bachelet la presenta como el resultado de la aguda crisis de la política tradicional y de partida expone una faceta de la gobernante menos conocida por el público: su carácter autoritario, “glacial y sin concesiones” que contrasta con su imagen pública desbordante de simpatía y fraternidad. Le reconoce los conocidos logros en materias de protección social, destacando la pensión básica solidaria, las realizaciones en educación preescolar, en viviendas sociales y en materias de relaciones internacionales, sobre todo con nuestros vecinos países limítrofes. Destaca su enorme popularidad y en particular su posicionamiento como mujer en un mundo machista. Los cuestionamientos se dan en el importante rol que tuvo el ministro de hacienda Andrés Velazco en la implementación de una política en extremo conservadora y neoliberal, situación aceptada por la gobernante y en la no utilización para fines de desarrollo social, de los importantes excedentes acumulados por al alza de los precios del cobre.
Ominami es en extremo benevolente en su tratamiento del gobierno del presidente Aylwin. Tal vez el hecho de haber sido el primer presidente de la transición y el haber sido, el autor, ministro de economía del primer gobierno democrático explica el que no haya entrado en críticas negativas de la gestión de Patricio Aylwin. Cuando se habla de una transición mal pactada es la responsabilidad de Aylwin y de sus equipos. Las reticencias a escuchar voces disidentes emanan de ese gobierno por los temores a que la transición se interrumpiera. Nada se dice del rol que jugaron en esto Ministros como Enrique Correa, ni del inmovilismo y pavor que se produjo en el gobierno con el ejercicio de enlace el 19 de diciembre de 1990, ni porqué el Estado debió asumir el costo de los pinocheques, con el aval de los presidentes Aylwin y Frei. Alaba de la gestión del presidente Aylwin el haber promovido un intenso diálogo social bipartito y tripartito, olvidando que el mérito de ello fue esencialmente de la CUT y de su presidente, el fallecido Manuel Bustos, quien con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), logró imponer al gobierno y al empresariado el desarrollo del diálogo. No hay tampoco explicación de la indiferencia que hubo durante el período, a pesar de la fuerte presión sindical nacional e internacional, por avanzar en la ratificación de los convenios 87 y 98 de la OIT sobre Libertad Sindical y Negociación Colectiva respectivamente; convenios que fueron ratificados sólo el 1 de febrero de 1999, año en que asume la dirección general de la OIT el chileno Juan Somavía.
Resulta particularmente interesante el balance comparativo que Ominami realiza con las experiencias de otros países latinoamericanos destacando la positiva evolución política y la estabilidad democrática chilena en los últimos veinte años. Lamentablemente no profundiza ni pone suficientemente en exergo el caso uruguayo que es uno de los modelos políticos que revisten mayor interés en nuestro continente, a pesar de que lo desarrolla más ampliamente en el capítulo 9 cuando habla de ir hacia un nuevo progresismo.
En la derrota de la Concertación, la pérdida de su senaduría y la emergencia de la figura de Marco Enríquez, Ominami aporta su verdad. Hace un relato muy objetivo de lo que sucedió con las primarias y no vacila en poner en evidencia la poca clara explicitación pública de su hijo candidato a que votaría por Eduardo Frei, a pesar del acuerdo en que el compromiso de la Concertación era acelerar la aprobación de la ley sobre inscripción automática y voto voluntario y el de Marco Enríquez de señalar nítidamente su adhesión. ¿Fue esta actitud poco decidida la que originó la derrota de Frei? Es probable que haya sido una de las razones, aunque los dos tercios de los que votaron por Marco Enríquez hayan apoyado al candidato de la Concertación. En cualquier caso, Ominami insiste en sus páginas anteriores en mostrar la crisis de credibilidad de la coalición gobernante como factor fundamental de la derrota. Hubiese sido también de mucho interés que Carlos Ominami nos relatara los debates internos que se produjeron, tanto en el Partido Socialista como en la Concertación, acerca de algunas reformas políticas como el de la inscripción automática y el voto voluntario o el del voto de los chilenos en el exterior, sobre los cuales hay hasta este momento enormes diferencias de opiniones, muchas de ellas fundamentadas en pequeñeces políticas más que en cuestiones de principio.
Su propuesta de lineamientos programáticos, al final del capítulo 9 es de bastante relevancia, aunque muchos de ellos hubiesen sido expuestos por Carlos Altamirano en sus conversaciones con el premio nacional de historia Gabriel Salazar o, como él mismo lo señala, recoja propuestas programáticas de otros actores de la política nacional. Esto también es un mérito indiscutible. Sobre esas propuestas se puede establecer un debate de ideas, necesario y transparente. Prácticamente todos los temas de interés nacional están expuestos y en algunos casos bastante desarrollados como lo relativo a la Nueva Constitución y Reforma Política. Podemos discrepar del énfasis que pone en algunos aspectos de la participación ciudadana, por ejemplo, que recuerda un poco a las tesis de Pierre Rosanvallon acerca del populismo (Penser le populisme, 2011), pero lo fundamental está allí. Muchos de los temas, si fuesen discutidos, podrían contribuir a entusiasmar a la ciudadanía y a la juventud que hoy manifiesta una fuerte desafección hacia los partidos, hacia los dirigentes, hacia la política. Ello no es bueno para la democracia, pues la democracia necesita de partidos políticos sólidos, creíbles, para que haya gobernabilidad. Una urgente renovación es pues necesaria.
Es imposible no concordar con Ominami cuando se refiere a los difíciles y exigentes requisitos para construir un nuevo Chile a fin de que se convierta en un país más democrático, más igualitario y más tolerante. Ello es ciertamente una tarea pendiente y que solo puede ser llevada a cabo con un esfuerzo colectivo.
Podemos discrepar sobre muchos de los asuntos que Carlos Ominami desarrolla en este libro, pero no podemos ignorarlo, pues hay ideas para el debate. La indiferencia solo es una muestra más de la mediocridad intelectual o moral de aquellos que prefieren no referirse a lo que molesta a objeto de conservar sus parcelitas de poder y no enfrentarse a un debate de ideas en vías de construir un Chile mejor.

Enero 2012.

martes, 15 de noviembre de 2011

DISCURSOS POLITICOS

Por Agustín Muñoz V.

En un apartado lugar de la banda de Gaza, un apenas adolescente que se ocupa del cuidado de un puñado de cabras, sin contacto aparente con el resto de la humanidad, sin medios de comunicación a su alcance, cercado por un silencio casi ancestral que solo ha sido interrumpido por los bombardeos y silbidos de balas, roquetes y obuses, responde casi somnoliento, sin entusiasmo, a las consultas del periodista británico. Parece no saber muchas cosas e ignorar lo que sucede incluso en su propio territorio. Sin embargo cuando el francés le pregunta por Mahmoud Abbas parece despertarse y puño en alto exclama: Basta, Basta, Basta, parafraseando el discurso pronunciado por el líder palestino, solo algunas horas antes, en el pódium de las Naciones Unidas. ¿Cómo se enteró este remoto pastor del pedido de Abbas a la comunidad internacional? ¿Quien lo informó de la indignación y exasperación del palestino, que con esas tres palabras hizo vibrar al mundo entero y de paso, junto con poner en jaque a la diplomacia norteamericana, logró un sitio de honor en el tablero de los grandes dirigentes? No lo dice; solamente sonríe con orgullo y con sus dos manos muestra la árida tierra.

¿Dispondría el cabrero palestino de algún teléfono celular guardado en su turbante o en algún lugar de su pobre vestimenta? Lo más probable es que no haya sido así, sino que haya operado la transmisión oral de boca en boca. Esto recuerda las antiguas formas de comunicarse que ya la mitología greco-latina nos ilustró con sus dioses con alas en los pies; los tam-tames africanos; los pedestres mensajeros o los habladores en las antiguas civilizaciones de nuestro continente latinoamericano que eran portadores de información, de entretención y noticias.

Nuestra niñez en un país tan alejado como Chile, estuvo al margen de teléfonos celulares, de fax, de computadores, de correo electrónico. El teléfono era de raro uso y reservado solamente para los hogares de la clase media bastante acomodada. La televisión recién la conocimos con ocasión del mundial de futbol de 1962 y la imagen de la política era fundamentalmente transmitida por los noticieros que, obligatoriamente, precedían en la época a las películas del fin de semana en los cines del centro de Santiago. Sin embargo, sabíamos bastante de lo que ocurría en el mundo. Ya conocíamos y habíamos escuchado el verbo de nuestros gobernantes y de nuestros líderes. Lo esencial de la información y de la noticia era proporcionada por la radio, por la prensa, por el cine o, de manera mucho más amena e inteligente, por esas maravillosas revistas que fueron la argentina Patoruzito creada por Dante Quinterno y la chilena El Peneca, dirigida por Elvira Santa Cruz Ossa más conocida como Roxane.

La escuela jugaba igualmente un rol de información política. Algunos de nuestros maestros se referían en sus clases a la contingencia política nacional o internacional expresando sus opiniones no siempre progresistas. Las conversaciones familiares contribuían al interés por la política y orientaban, sin que lo supiéramos, nuestras futuras opciones. A veces esas platicas amenas, nos creaban grandes incertidumbres, como cuando algún familiar o amigo salía con la repetida y poco tolerante frasecita que para conservar la amistad y la familia había que descartar de las conversaciones los temas referidos a la religión y a la política.

El barrio y los amigos era otro núcleo que contribuía al conocimiento a través de la palabra, del intercambio de información, de ideas y de opiniones. Con algunos amigos de mi barrio escuchamos con reverencia y en un silencio respetuoso, al Che Guevara y los larguísimos discursos de más de siete horas pronunciados por Fidel Castro, quien creó escuela en Chile en algunos políticos criollos que nos aburrieron hablando en el vacío la misma cantidad de horas que el barbudo líder.

Hasta el transporte público era un medio de información, de intercambio o de polémica. Recuerdo, como si hubiese ocurrido ayer, la conversación en elevado tono que en un destartalado microbús de la línea 20, “Vivaceta-Matadero”, sostenían en 1960, dos personas que habitualmente se movilizaban a la misma hora que yo y que hacían ostentación de su pertenencia al Partido de Eduardo Frei Montalva, el PDC, creado solo tres años antes. En la conversación discutían acerca de Cuba y de su reciente revolución pronosticando casi a gritos, para que todos escucharan, que “a ese gallo no le quedan más de dos meses”. Si aun viven esos aprendices de agoreros, deben recordar nuestras poco diplomáticas protestas por sus provocadores pronósticos que se demostraron tan errados.

El acercamiento más directo con los grandes líderes criollos de nuestra provinciana juventud se dio en las grandes concentraciones sindicales y políticas que se realizaban en las calles, fundamentalmente en la Alameda, en el estadio nacional, en la plaza de la Constitución, en la plaza Artesanos en las cercanías de la estación Mapocho, en los Teatros Caupolicán de la calle San Diego y en el Balmaceda al lado de la piscina escolar. Era esta la única temperada de Chile y cuando se averió la caldera, jodió a toda una generación de nadadores chilenos pues tardaron diez años en repararla... En esos sitios embrujaron con su palabra finos oradores como Salvador Allende, Arturo Alessandri Palma, Eduardo Frei M, Clotario Blest, Lucho Figueroa o personajes internacionales de la talla de un Juan Domingo Perón, invitado de Carlos Ibáñez del Campo, que expone brillantemente la idea de una unión política y económica entre Chile, Brasil y Argentina, un Mercosur de los años 50.

El poder legislativo a través de las Cámaras de Diputados y de Senadores es el escenario de históricos duelos oratorios. Destacan allí el populista Arturo Alessandri Palma, el radical Raúl Rettig, el conservador Francisco Bulnes Sanfuentes, apodado “el marqués”, el comunista Volodia Teitelboin, Salvador Allende y el ingenioso Mario Palestro que desconcierta a los honorables diputados cuando al equivocarse en un discurso en que amenaza a la derecha chilena con la espada de Pericles y al ser corregido por otro parlamentario, responde de inmediato, espontaneo, sin titubeos: ¿“Entonces, honorable colega, Pericles no podía tener espada?

Carlos Altamirano, senador chileno y secretario general del Partido Socialista, sin ser un orador excelso, lograba atraer el interés de la audiencia con sus palabras llenas de cultura y de inteligencia. Su famoso discurso del 9 de septiembre de 1973 pronunciado en el Estadio Chile, ha servido, muy injustamente, hasta ahora, como una justificación del golpe de estado del día 11. Esa intervención que casi nadie conoce y que pocos escucharon, denuncia las tentativas de la oposición, del terrorismo de derecha y de las fuerzas armadas para desestabilizar el gobierno y producir el derrocamiento del presidente Allende por medio de un golpe de estado. Es un discurso claro, con detalles precisos y adornados con un bello poema de Nicolás Guillén en que pone en evidencia los hechos sediciosos, que se venían gestando desde el día mismo en que Allende fue elegido.

En otras latitudes latinoamericanas destacaron en la Constituyente mexicana del 17, oradores de gran talla, como Francisco Javier Mujica. José Vasconcelos y Antonio Caso. El General Lázaro Cárdenas conmueve con su discurso desde el Palacio Nacional del 18 de marzo de 1938 anunciando la expropiación de las industrias petroleras. Políticos más actuales como el jurista Porfirio Muñoz Ledo; el que fuera rector de la UNAM, en 1968, Javier Barros Serra y, por supuesto, el Presidente Echeverría forman parte del panteón mexicano de oratoria.

Rodrigo Carazo ex presidente de Costa Rica hizo vibrar a las masas con su verba incendiaria y llena de pasión. Aun se recuerda su discurso de la campaña presidencial de 1978 en que terminaba diciendo entre los estruendosos aplausos: “Yo voy adelante, yo voy al frente, yo doy la cara, porque ustedes, el pueblo, mis amigos, vienen detrás y me respaldan”.

El derechista guatemalteco Vinizio Cerezo Arévalo fue otro orador de prestigio y polemista temido por sus adversarios políticos que esquivaban enfrentarse en duelos oratorios con Cerezo.

Argentinos, uruguayos y peruanos maravillan y entusiasman con sus recursos de lenguaje en que el mensaje es preciso bien articulado, culto y lleno de pasión. Cómo no recordar a la maravillosa Evita que desde el balcón de la Casa rosada hiciera llorar de emoción a las multitudes bonaerenses. Como no recordar a su esposo, Juan Domingo Perón, arengando a los descamisados o, en un arrebato de furia en su discurso del 1° de mayo de 1974, tratando de “imberbes y estúpidos” a los jóvenes peronistas del movimiento Montoneros que lo interrumpían al grito de “¿Qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular? “.

Jorge Abelardo Ramos, candidato a la presidencia, historiador de gran sapiencia fue también un talentoso orador y expositor en el inicio de los años de plomo en Argentina.

El senador uruguayo Zelmar Michelini fundador del Frente Amplio fue un vibrante expositor que despertó interés y entusiasmo en la población. Fue secuestrado y asesinado por la policía federal argentina en 1976 en el marco de la Operación Cóndor.

Fue famoso el discurso del senador Américo Pla Rodríguez la noche del golpe de estado de junio de 1973. Sus destacados discípulos aun recuerdan con emoción su verbo y sapiencia en la cátedra de derecho del trabajo.

Los peruanos han sido eximios en el manejo del lenguaje. Víctor Raúl Haya de la Torre, quien fundara el APRA, ha sido uno de los más destacados maestros, seguido muy de cerca por Alan García y por quien fue Ministro de Trabajo y Director regional de la OIT, Carlos d’Ugart.

Magníficos oradores son también los españoles. Combinan la sabiduría, la pasión y el dominio del lenguaje en sus diversas cadencias, atacando, ironizando agitando, convenciendo. Fernando Suarez, Alfonso Guerra, Nicolás Sartorius o Felipe González son un buen ejemplo.

La televisión actual ha contribuido a un cambio sustancial en la forma de transmitir el mensaje político y ha ayudado muchas veces a la construcción de realidades ficticias en función de los criterios impuestos por quienes sustentan el poder. Del encendido discurso, lleno de pasión, de emotividad, de metáforas, de alusiones y de espontaneidad, la TV. impone un discurso más racional, más directo, muy preparado técnicamente por expertos colaboradores. Esto le da riqueza de contenido y evita la famosa “langue de bois”, el hablar sin decir nada. Sin embargo, la palabra pierde ese encanto que cautiva y sobretodo pierde su esencia, se desvincula de la creatividad se convierte en algo puramente fisiológico.

Lo que el maravilloso lingüista suizo Ferdinand de Saussire estableció como “lengua”, es decir el acto síquico cerebral, la unión del concepto con el símbolo, comienza a desvanecerse y nuestros políticos o expositores entran a la utilización de la “palabra” como acto físico, lo que podría hacer un papagayo bien adiestrado. El vacío cerebral que se produjo en el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, durante el debate televisado de hace algunos días es un ejemplo de ello. Su mensaje no era auténticamente de él. Lo habían preparado sus consejeros. Rick Perry se limitó solo a mal memorizar el contenido.

Discursos políticos ha habido muchos a lo largo de la historia contemporánea, pero solamente algunos han logrado la inmortalidad.

La voz profunda de Charles de Gaulle conmovió a sus compatriotas y al mundo con el llamado del 18 de junio de 1940 invitando a sus compatriotas a resistir, lavando así el honor de Francia, ocupada por el nazismo. Entusiasma y desconcierta años más tarde en Montreal, un 24 de julio de 1967, cuando finaliza su intervención con la célebre frase Viva Quebec libre, creando un serio incidente diplomático, pero reafirmando la francofonía y la identidad de los ciudadanos de Quebec.

Winston Churchill, orador destacado expresó en un encendido discurso ante el parlamento británico el 13 de mayo de 1940, en pleno conflicto bélico, que en ese momento no podía ofrecer a sus compatriotas nada más que “sangre, dolor, lágrimas y sudor”. Ello era el sacrificio necesario para alcanzar la victoria y fue comprendido.

Dolores Ibàrurri, excelsa oradora, deja para la posteridad aparte de su ejemplo de militante honesta y de consecuencia política su famoso discurso del 18 de julio de 1936. Más conocida como la Pasionaria, por el seudónimo que utilizaba para firmar sus artículos en la prensa partidaria, se dirige a la nación desde una radio instalada en el Ministerio del Interior, en Madrid. Desde allí llama al pueblo a resistir a la sublevación fascista para conservar las conquistas democráticas y la libertad del pueblo. Su famoso No pasaran, se convertirá en el símbolo de todas las luchas antifascista en el mundo.

Martin Luther King, militante de los derechos humanos en general, de los derechos civiles de la causa negra en particular y de un entendimiento fraterno entre blancos y negros, ha sido uno de los más brillantes oradores norteamericanos de todos los tiempos. Como pastor bautista perfecciona su talento oratorio que lo demostrara en cientos de ocasiones y que lo empleará magistralmente en su discurso del 28 de agosto de 1963: I have a dream. Luther King es asesinado el 4 de abril de 1968. Dos otros brillantes oradores norteamericanos habían sido asesinados igualmente algunos años antes: Malcolm X y J.F. Kennedy en 1963.

El presidente Kennedy es sin dudas un líder político de excepción, agitador, polemista, gran expositor. Se destaca por sus discursos directos, de gran contenido político y rico en alusiones históricas. Los prepara él mismo, con el concurso de su consejero Ted Sorensen. Deja muchas de sus intervenciones para la posteridad, pero uno de los que marcô a la opinión pública mundial y que ha quedado como un símbolo de un clamor por la libertad fue el que pronunció en Berlín, en plena guerra fría, el 26 de junio de 1963, ante una multitud de cientos de miles de personas que explotan de alegría, de entusiasmo y lo aplauden estrepitosamente durante varios minutos, cuando finaliza con la frase inmortal de: ¡Ich bin ein berliner! (Yo soy un berlinés).

El presidente Salvador Allende conmovió a los asistentes y desencadenó estruendosos aplausos en el pódium de Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1972 con su intervención que se inicia con:” vengo de Chile, un país pequeño, pero donde cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida. Un país con una clase obrera unida en una sola organización sindical, donde el sufragio universal y secreto es el vehículo de definición de un régimen multipartidista…”. En esta alocución expone los principales problemas del país y la agresión de la que es objeto. Clara, lúcida y premonitoria intervención del presidente mártir.

Hoy en día casi toda la clase política dicen lo mismo, utilizan idénticos soportes estadísticos y los Power Point podrían transmitirse de un orador a otro, poco importa si son de corrientes políticas distintas. Ya no hablan. Leen estrictamente todo lo que está escrito en la pantalla o en la filmina. Hasta generalmente se visten todos igual, mal aconsejados por los expertos en imagen y en comunicación. Hay una especie de uniforme que consiste en traje azul marino y corbata roja, como si asistieran a un desfile del 1 de Mayo. Esto ha sido adoptado en forma unánime aunque ello les reste originalidad.

¡Cuánta distancia hay con aquellos discursos o intervenciones que impactaron a la humanidad y hoy forman parte de la historia!

jueves, 29 de septiembre de 2011

INDIGNEMONOS TODOS


Por Agustín Muñoz V.


Interesante país Francia. No solamente por su cultura, por su apasionante pasado, por su belleza arquitectural, por su gastronomía, por sus contribución al desarrollo de la ciencia, de las artes, de los valores democráticos, por su aporte al cambio, a la justicia social y a la defensa de los derechos humanos; a pesar de algunos repudiables episodios en su historia pasada y reciente.
La Revolución francesa, la Comuna de Paris, la lucha de la resistencia contra el nazismo y contra la ocupación alemana, el esfuerzo individual y colectivo a la redacción y aprobación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, Mayo del 68, la elección de François Mitterrand y las ilusiones que se generan en la población, fundamentalmente en los jóvenes, son algunas muestras someras de la fuerza del compromiso que ha existido en la mayoría ciudadana de ese país con la idea de construir un mundo mejor, con equidad, justicia, tolerancia y libertad.
Hace casi un año, en diciembre de 2010, una destacada y casi olvidada figura intelectual gala, que resistió al nazismo y combatió a la ocupación alemana, Stéphane Hessel, resurgió nuevamente con un breve ensayo que despertó un enorme entusiasmo, sobre todo entre los jóvenes: Indignez Vous (Indígnese). Este opúsculo de 20 páginas, notas y postfacio del editor incluido, ha sido difundido, traducido y ampliamente comentado en el mundo entero. ¿En qué ha radicado su éxito? ¿Por qué esta publicación ha despertado tanto entusiasmo al punto de ser considerada la motivación esencial de los movimientos sociales de los últimos seis meses en las diferentes regiones del globo? Es difícil encontrar o dar una respuesta válida y no es mi intención sumarme a las muchas y doctas explicaciones que se han avanzado. Recordaré, sin embargo, que Hessel pone en exergo tres cuestiones fundamentales que han hecho reflexionar a la ciudadanía, la que normalmente es indiferente, o no se expresa, o lo hace a través de la mediación de entidades que paulatinamente han ido haciendo caso omiso de los puntos de vista de sus representados.
La primera es el llamado a indignarse individual y colectivamente, utilizando las redes y los modernos medios de comunicación existentes contra las injusticias de todo orden, pero fundamentalmente contra aquellas que atentan a la libertad, a la dignidad y a los derechos fundamentales de las personas. La segunda cuestión que evoca es la necesidad de romper con la indiferencia a la que califica como la peor de las actitudes frente a un mundo lleno de injusticias, haciendo un llamado a tener una actitud de compromiso militante para superar las múltiple inequidades existentes y que se plasman en las enormes desigualdades; en el atropello constante a los Derechos Humanos; en la discriminación por sexo, por raza, por nacionalidad; en las ausencias de libertad de expresión; en la negación del derecho al trabajo; al empleo decente y a la libre circulación de personas. El tercer problema planteado es su convocatoria a una insurrección pacifica, no violenta, aunque existan causas tan indignantes como la situación de la Palestina, tema de relevante actualidad y que Hessel lo presenta como un motivo particular de indignación personal.
Visionario y premonitor nuestro anciano militante, pues a los pocos días de haber terminado de escribir su libro comienzan las protestas y los levantamientos populares en el mundo árabe. Túnez inicia la rebelión el 17 de diciembre de 2010 y el presidente dictador Ben Ali que gobernaba desde 1987 es depuesto: se refugia en Arabia Saudita y posteriormente es juzgado por contumacia de crímenes, corrupción y crápula. El pueblo exige reformas que aseguren repartición equitable de la riqueza, empleo y salarios decentes, democracia, respeto, dignidad. La gente se comunica y convoca a través de internet, de celulares, de las redes sociales y, en un principio, protesta pacíficamente, tal como lo concibe Hessel. Nadie pudo imaginar que la autoinmolación de un diplomado vendedor de frutas tunecino, luego que su mercadería fuese confiscada por la policía, iba a desencadenar una masiva indignación e insurrección popular que terminaría con la caída del presidente dictador Ben Ali, y de su régimen.
El ejemplo de Túnez se extiende más allá de sus fronteras. En Egipto la ciudadanía depone a Hosni Moubarak e instala un gobierno de transición democrática. Libia se rebela contra el dictador Mouammar Kadhafi, otrora figura venerada del movimiento de los No Alineados y de la izquierda en general. La guerra civil estalla y Kadhafi da los últimos suspiros. La oposición al Presidente dictador de Yemen, Ali Abdallah Salah logra, al cabo de siete meses de protestas seguidas de una sanguinaria represión, que Salah presionado además por la comunidad internacional, organice, en principio, una transferencia pacífica del poder a las fuerzas opositoras. Siria se estremece por las protestas que comienzan en febrero de este año y por la represión del dictador Bachar el – Assad quien con el apoyo del Partido Bass, preside el país desde el 2000, pero cuya dinastía ocupa el poder desde 1971. La represión es feroz, los miles de muertos obligan al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a condenar la violación de los Derechos Humanos y la represión imperante. La rebelión continúa, las esperanzas crecen. Los Emiratos Árabes se despiertan. Las protestan ensordecen a Bahréin y luego de negociaciones y promesas se calman. El Rey de Arabia Saudita, bastante inquieto por lo que ocurre en la región y por el peligro del contagio, hace algunas concesiones y de importancia: el derecho a voto para las mujeres. Argelia, Israel, Jordania, Marruecos, Mauritania, conocen igualmente la voz de los que claman por la libertad y la justicia.
El presidente de la Alta Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas también se indigna una vez más y esta vez con la fuerza que da una justa causa solicita oficialmente el reconocimiento del Estado Palestino: “luego de 63 años de sufrimientos: basta, basta, basta” clama indignado desde el pódium de la ONU.
Los países europeos sacan cuentas, piensan en el petróleo, apoyan las demandas democráticas y abandonan a sus antiguos protegidos. Pero también en Grecia Italia, Inglaterra, Francia, España, los indignados se organizan. Los griegos salen por miles a las calles, ahogados por la crisis de la deuda, por las medidas de austeridad que se imponen ante la inminencia de un default, medidas que afectan siempre a los que no tienen nada o muy poco.
Los españoles protestan en todo el país. Acampan en lugares céntricos, duermen en las plazas, repudian a los partidos políticos tradicionales, fundamentalmente al PP y al PSOE, a los sindicatos. Piden más participación en la vida democrática, mayor justicia social, medidas contra lo que ellos llaman el imperialismo financiero. Al igual que árabes griegos e italianos son manifestantes jóvenes que a pesar de sus diplomas ven un futuro incierto, angustiante. El 15 de Mayo el Movimiento se estructura y se organiza. Se establecen grupos de trabajo para preparar las reivindicaciones y propuestas. Trabajan en asambleas populares abiertas. El poder político acorralado por la crisis económica, por la contestación social, muy desprestigiado, busca los medios de absorber y recuperar al movimiento. Los indignados españoles no ceden; continúan sus protestas, ganando terreno y respeto. Ahora están convocando para una masiva movilización el próximo 15 de octubre.
América Latina también reacciona. ¡Es que hay tanto de que indignarse en nuestro continente latinoamericano! Hay cuestiones que están en nuestra historia. La discriminación por sexo, por origen étnico, por ejemplo. Pregúntense ustedes cuántas personas, en sus respectivos países, de origen indígena acceden a puestos de responsabilidad en las fuerzas armadas, en el poder judicial, en el parlamento, en la banca, las finanzas, etc. Salvo muy honrosas excepciones podrán constatar que si es que existe, la representación es insignificante. En la historia de Chile, por ejemplo, no ha habido jamás ningún comandante en jefe de los cuerpos armados que haya sido de origen mapuche; como tampoco lo ha habido en el poder ejecutivo ni en el judicial. Solo en el parlamento ha habido muy contadas excepciones en los últimos 20 años. Y esto a pesar de que el porcentaje de pueblos originarios en Chile es de casi el 30% del total de la población. Con porcentajes menos importantes (los afroamericanos suman el 12% de la población) Estados Unidos ha tenido un presidente negro, un comandante en jefe del ejercito, altos oficiales, secretarios de estado, magistrados, profesores de universidad, 7 senadores, 41 diputados. Nuestros vecinos peruanos y bolivianos también nos aventajan en esta materia.
Como no indignarse del abuso histórico de los Estados Unidos en América Latina, quien no contento de haber impuesto a sangre y fuego gobiernos dictatoriales y corruptos, de haber invadido en más de treinta oportunidades territorios soberanos, de haber fomentados golpes de estado, de haber usurpado de las riquezas básicas, de haber atentado contra los derechos humanos, procedió también, imitando el mejor estilo nazi, a realizar experimentos científicos en seres humanos. Esto ocurrió en Guatemala entre los años 1946 y 1948. Médicos del Servicio de Salud Publica de los Estados Unidos, con el aval gubernamental de ambos países inocularon a 700 personas infecciones sexualmente transmisibles como la sífilis, blenorragias, y chancros diversos. Muchas de esas personas fallecieron, otras quedaron con irrecuperables secuelas. Nadie dijo nada, sólo en 2010, el presidente Obama presentó las excusas oficiales al país centroamericano.
Pero más recientemente, los latinoamericanos se está indignando de la visible desigualdad, de la pobreza, de los abusos, de la violencia, de la falta de oportunidades, de la corrupción, de la falta de transparencia.

Argentina tal vez haya sido el primer país del mundo que conoce aunque con otro nombre la emergencia de los indignados. Con la crisis de 2001 y el default que la sigue, los desposeídos salen a las calles, saquean, desestabilizan la institucionalidad y logran la caída de cinco gobiernos. Los Piqueteros y fogoneros forman parte del paisaje político de la época. La consigna “que se vayan todos” parece que se materializa. La clase política, las figuras conocidas no pueden salir a las calles, no pueden sentarse ni en cafés ni en restaurants pues son apabullados y ponen en riesgo su existencia.
La gente acepta cada día menos a los partidos políticos. La desafección hacia la política aumenta y por paradoja esto pone en riesgo a la democracia que necesita de instituciones políticas y de partidos democráticos para que haya gobernabilidad. Las mayorías ciudadanas reclaman educación pública de calidad y gratuita. Mayores niveles de seguridad. Exigen acceso a una salud universal, a empleos decentes, a viviendas dignas. Piden un mayor rol del Estado en la economía. Solicitan más participación y que sus demandas sean escuchadas y tomadas en consideración. En el fondo están pidiendo más democracia, término de las desigualdades y mejores niveles de vida.
Las protestan se amplifican. México, Brasil, Colombia ven desfilar miles de personas exigiendo justicia social. En Chile los estudiantes se movilizan exigiendo educación pública gratuita y de calidad. Piden medidas para que las enormes desigualdades en la repartición del ingreso disminuyan. El cinismo de la derecha gobernante replica poniendo en duda las desigualdades, dicen que el coeficiente de Gini está mal calculado y que esto de la desigualdad existente es invento de una izquierda trasnochada. No fue esa izquierda quien por primera vez hablara de este asunto, sino David de Ferranti vicepresidente del Banco Mundial en 2001, quien, índice de Gini en mano, denunciara a América Latina como el continente más desigual del mundo y a Chile como el país más desigual de Latinoamérica.
Los organismos internacionales han también alertado. La OIT, con Juan Somavía a la cabeza, ha tenido el liderazgo levantando su voz por una globalización más justa y porque los gobiernos pongan el énfasis más en lo productivo que en lo financiero. Ha propiciado el trabajo decente y el acceso a un sócalo de protección social universal. En ello ha logrado integrar a otras instituciones como el Banco Mundial, el FMI, el GATT, la OEA el G20 y últimamente a ONU-Mujeres
Latino barómetro ha venido desde hace bastante tiempo dando algunas pistas y mostrando las señales de la ciudadanía sobre los temas evocados. Aunque en 2010 hay una mejor percepción de la situación económica en términos individuales y colectivos, la gran mayoría de los encuestados consideran que los principales problemas que los afectan son de orden económico y de seguridad, destacando fuertemente la desigualdad y el desempleo como elemento importante. La política, los políticos, los partidos y algunas instituciones como el parlamento y el poder judicial son objeto de fuertes críticas, aunque las consideren necesarias en una democracia. Esto es refrendado por otras encuestas de opinión a nivel de cada país.
El malestar es muy grande y las protestas cunden. La democracia entra en crisis y la desconfianza del pueblo hacia sus dirigentes se amplifica. El fuerte movimiento ciudadano necesita de respuestas y de acciones convincentes. De no ser así, los peligros son diversos. El soberano puede reaccionar de manera irreflexiva como lo ha hecho en Venezuela o como lo está haciendo ahora en Guatemala, legitimando con el voto el autoritarismo, la demagogia, el populismo que promete el traspaso de riquezas; gobernar con consultas populares directas y periódicas para evitar la corrupción y la inacción de instituciones como el parlamento; el llamado a la cohesión interna y a la identidad nacional con todos los peligros que ello implica, entre otros la xenofobia. Esto entusiasma, pero en ningún caso no es la solución.
El camino es perfeccionar la democracia, reinventarla, reconstruirla, hacerla más participativa, interactiva, transparente. Esto significa evaluación y control permanente de los gobernantes quienes deben rendir periódicas cuentas a la ciudadanía. Democracia es, sobre todo, la búsqueda y la construcción colectiva de un ideal común, de una sociedad más igualitaria, más justa, con bienestar para todos.
Ojalá la indignación continúe durante el tiempo que sea necesario hasta que logremos tomar conciencia del enorme desafío que tenemos para reinventar la democracia y poder así dar satisfacción a los millones de indignados que, afortunadamente, aun no han dicho su última palabra.

miércoles, 13 de julio de 2011

Secuestros políticos

Por Agustín Muñoz V.


El rostro de dos periodistas galos apareció cotidianamente en los noticieros franceses durante más de un año y medio. Fue una de las movilizaciones más importantes de los medios de comunicación en favor de Stephan Taponier y Hervé Ghesquière, periodistas de la cadena de televisión France 3, secuestrados en Afganistán mientras realizaban un reportaje. Fueron finalmente puestos en libertad el 29 de Junio de 2011 y, según los afectados, durante su difícil cautiverio sufrieron vejaciones, humillaciones y maltratos. Las exigencias de los Talibanes para proceder a liberarlos fueron en lo esencial de tres órdenes: el pago de un rescate, liberación de detenidos afganos en poder de los franceses y retiro de las tropas francesas de Afganistán. El gobierno francés ha negado enfáticamente que se haya pagado algún rescate, aunque pocas personas crean en la veracidad de esta negativa que más bien responde a la “razón de Estado”. La liberación de prisioneros afganos parece que se ha ido realizando y el Presidente Nicolás Sarkozy anunció, inmediatamente después que su par norteamericano, el retiro total de las tropas francesas en 2014. Sin embargo, la fuerte movilización de los medios de prensa y de la sociedad civil por los rehenes, parece haber sido uno de los aspectos que más contribuyeron a la liberación de los periodistas. Esta es tal vez una lección que debe ser aprendida y asimilada a nivel internacional. Solo la denuncia y la movilización de la opinión pública pueden contribuir a la libertad y al esclarecimiento de la verdad.

El secuestro ha sido una constante histórica al igual que el importante consenso ciudadano de que esa acción, donde a menudo se mezcla lo político con lo crapuloso, debe ser sancionada con las mayores penas. La Biblia en su Antiguo Testamento se refiere a ello. Julio Cesar fue secuestrado durante casi 40 días. Sus captores pidieron un rescate considerado poco acorde con su valía por el romano, obligándoles a aumentar el monto de lo solicitado. Una vez liberado, Julio Cesar organizó una expedición punitiva, castigando severamente a sus secuestradores, luego de recuperar el dinero.

La independencia de América estuvo de alguna manera relacionada con el secuestro político -y según dicen dorado- de que fue objeto Fernando VII por Napoleón Bonaparte, luego de la invasión de España y de la negociación de Bayona en 1808; pues a partir de ese momento frente al vacío de gobernabilidad, los partidarios de la independencia se organizan, se constituyen en Juntas y desestabilizan el poder español hasta conquistar las independencias de cada territorio.
Acciones delictuales con toma de rehenes han contribuido a la semántica y a la psicología. El asalto al Kreditbanken de Estocolmo en 1973 y la retención forzada de las personas que se encontraban en el interior del establecimiento, durante seis días, dio origen a la denominación del “síndrome de Estocolmo”. Una de los rehenes se negó a declarar contra los captores pues se enamoró de uno de ellos.

Las dictaduras militares en Latinoamérica hicieron amplio uso del secuestro y en la mayoría de los casos no se solicitó rescate, pues se apropiaron de los bienes de sus víctimas y luego de torturarlas salvajemente las hicieron desaparecer. En esto sobresalieron argentinos, chilenos, brasileños, paraguayos y uruguayos por solo nombrar a algunos.
Ciertos movimientos de la izquierda latinoamericana y de la ultraderecha de nuestro continente se han destacado por recurrir a este tipo de accionar. Tal vez los que ostentan el repudiable record del secuestro político sean los colombianos, disputándose los primeros lugares las Autodefensas Unidas de Colombia (paramilitares), las FARC y el FLN. Han sido famosísimos y suficientemente publicitados por la duración del cautiverio y por la crueldad a la que fueron sometidos, una importante cantidad de políticos colombianos, entre los que destaca últimamente por la mediatización del hecho a nivel nacional e internacional, Ingrid Betancourt.

Gabriel García Márquez ha contribuido como ciudadano y como literato a la denuncia del narco terrorismo y al repudio de este acto delictual. En su magistral reportaje novelado Noticia de un Secuestro se refiere al cautiverio de Maruja Pachón y nueve secuestrados más que, al igual que ella, fueron víctimas de Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín, quien pretendió hacer uso político, para fines personales, de los rehenes.

La ultraderecha argentina se ilustró igualmente como maestra en este tipo de delitos con la particularidad que, en el 99% de los casos, el secuestro terminaba en asesinato. Aun está fresca en la memoria de los demócratas del mundo entero los secuestros, exterminación física y atentados terroristas perpetrados por las tres A (Alianza Antiterrorista Argentina) particularmente entre 1974 y 1976. Las tres A estaban dirigidas por el Secretario de Estado de Bienestar Social de ese país, José López Rega quien actuaba avalado, luego de la muerte de Perón, por su esposa convertida en Presidenta de la República, Isabel Martínez y con la complicidad del aparato estatal, de la policía Federal y de las Fuerzas Armadas.

La década de los sesenta y de los setenta desborda de casos de secuestros políticos en Europa y Latinoamérica.

Europa se estremece el 16 de marzo 1978 al conocer la noticia del secuestro de quien fuera dos veces primer ministro de Italia. Aldo Moro fue víctima de las Brigadas Rojas quienes lo asesinaron el 19 de mayo de ese año, al haberse negado el gobierno a negociar con el grupo terrorista. Su cadáver fue encontrado acribillado de ocho impactos de balas al interior de un automóvil en una calle aledaña a la sede del Partido Comunista.

Un año antes, el 13 de abril de 1977 fue secuestrado en Francia el Presidente de la FIAT-Francia, Luchino Revelli-Beaumont, por individuos ligados a la guerrilla argentina y con estrechas relaciones con Juan Domingo Perón. Luego de un rescate de dos millones de dólares, Revelli- Beaumont fue liberado al cabo de 89 días. Nunca se pudo establecer con certeza quienes fueron los responsables del delito. Sin embargo las evidencias de la policía francesa y los testimonios de la hija de la víctima se concentraron en Héctor Villalón, un muy cercano colaborador del General Perón que osciló entre la guerrilla y la derecha peronista, radicado ulteriormente en Brasil.

La ETA inicia sus secuestros políticos a fines de 1970 y desde ese momento hasta la fecha se cuenta una centena de personas, muchas de las cuales fueron liberadas, como el padre del cantante Julio Iglesias, y un porcentaje no menor asesinadas. Entre los ejecutados se pueden mencionar, entre otros, a Miguel Ángel Blanco, Javier Ybarra, Alfredo Ramos, José Ustarán, José María Pérez, el ingeniero José María Ryan y Ángel Berazadi quien, al parecer, fue el primer secuestrado asesinado por la ETA en 1976.

Los alemanes se han también destacado en estas materias y el “otoño alemán” de 1977 es una muestra del fanatismo de algunos grupos terroristas como la Fracción del Ejército Rojo (FER) que, en alianza con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), realizó tres sangrientas acciones. La primera fue el intento de secuestro de Jünger Ponto, banquero alemán que opuso resistencia y fue ultimado a balazos en el interior de su residencia. La segunda fue el secuestro, en Colonia, del Presidente de la Confederación Alemana de Empresarios, el industrial Hanns Martin Schleyer, quien fue posteriormente asesinado en Bruselas al haberse negado el Gobierno Alemán de acceder a la liberación de la famosa banda de terrorista encabezada por Andreas Baader. Sin dudas la acción más conocida de la FER y muy relacionada con la anterior, fue la que ejecutaron con el FPLP: el secuestro del avión Boeing 737-200 de la Lufthansa que realizaba el vuelo LH-181 entre Palma de Mallorca y Fráncfort. Luego de cinco días de intensas negociaciones; con uno de los pilotos asesinados y el avión posado en Mogadiscio, los rehenes fueron liberados por el comando alemán GSG-9 y los terroristas muertos en la acción, salvo una mujer que resultó herida. Hay un hecho muy curioso que tal vez convenga ser investigado en algún momento: por una extraña coincidencia, Andreas Baader y su banda, que esperaban ser canjeados en sus respectivas celdas donde permanecían aislados y sin comunicación con el exterior, se suicidaron todos al conocer la noticia del fracaso. La venganza del grupo terrorista fue el frío asesinato del banquero Schleyer.

En América Latina, donde casi ningún país ha estado exento de este fenómeno, el secuestro político se desarrolla y se expande en la década de los 60 y de los 70, aunque posteriormente haya habido emblemáticos casos.

Cuba desde los inicios de la revolución debe permitir el aterrizaje de los aviones y de los pasajeros secuestrados en vuelo por grupos o por individuos, que en una acción de publicidad política, desviaban constantemente las aeronaves de línea. Un año antes del triunfo de Fidel, en 1958, barbudos revolucionarios secuestran al campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, quien debía participar en una carrera. Luego de dos días fue dejado en libertad. Muchos años más tarde, en los años ochenta, sería invitado por sus captores a Cuba, para recordar entre mojitos y daiquirís ese antiguo episodio.

Centroamérica, que se caracteriza actualmente por la fuerte violencia urbana desarrollada por los narcotraficantes y las temidas Maras, tiene a su haber un impresionante registro de secuestros políticos que se arrastran desde los años 70.

En Guatemala, por ejemplo, los grupos guerrilleros tuvieron durante algún tiempo especial preferencia por este tipo de acción. Así en 1970 el embajador de la RFA de la época, Conde Karl María Von Spreti fue secuestrado y asesinado posteriormente de un disparo en la sien derecha al no haber accedido el Gobierno a las exigencias de las FAR de Guatemala, a pesar de la enorme presión del gobierno alemán y de los Estados Unidos ante Carlos Arana Osorio que dirigía el país. Periodistas, parlamentarios y ciudadanos extranjeros han sido víctimas de este tipo de delito hasta muy recientemente.

Nicaragua, Honduras y El Salvador exhiben múltiples casos de secuestro político, realizado por grupos guerrilleros o de la extrema derecha. La Contra Nicaragüense secuestró en 1996 a más de 50 funcionarios del Consejo Supremo Electoral y ex militares vinculados con el Partido ARENA plagiaron a Carlos Alfredo Venutolo Oviedo el 22 de febrero de 1982, a Víctor René Cordón Pauls, el 16 de septiembre de 1983, al conocido empresario Jorge Elías Bahíaa, el 24 de septiembre de 1983, a José Luis Zablah el 9 de mayo de 1985 y al ex Ministro de Relaciones Exteriores Alfredo Ortiz Mancía, el 14 de febrero de 1986. Inicialmente se culpó de estos delitos al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

En México permaneció secuestrado durante 7 meses Diego Fernández de Ceballos, dirigente del PAN. Fue liberado el 21 de diciembre del 2010, luego de un pago de 20 millones de dólares. Se trata del secuestro más largo en la historia de ese país y hasta la fecha no se sabe cuáles fueron las motivaciones del plagio, inclinándose algunos por la tesis de secuestro político y crapuloso, sin poder identificar al grupo delictual.

La guerrilla venezolana financió parte de sus acciones con el secuestro de diplomáticos, políticos, empresarios y emblemáticas figuras del deporte. A los nombres de James Chenault, Ignacio Iribarren, W. F. Niehous, M. Smolen se une el del astro del futbol mundial de la época: Alfredo Di Stefano, liberado a las 48 horas.

Los movimientos guerrilleros de Argentina y Uruguay fueron verdaderos maestros en la materia.
A fines de mayo de 1970 un comando de Montoneros, vestidos de uniformes militares secuestra al dictador ungido presidente, General Pedro Eugenio Aramburu. Luego de ser sometido a juicio popular, fue ejecutado por sus secuestradores el 1 de junio de ese año. El ERP secuestra en Marzo de 1972 a Oberman Sallustro, presidente de la FIAT- Argentina. Un mes después es asesinado por sus captores cuando la policía los cercaba. Pero no siempre el rescate consistía en dinero. El cónsul inglés en Rosario y gerente del frigorífico SWIFT, Staley Sylvester fue secuestrado por el ERP en mayo de 1971. Las exigencias para su liberación consistieron en el reparto de víveres, útiles escolares y ropa a los obreros de los frigoríficos y el reintegro de los trabajadores despedidos. La mayor parte de las exigencias se cumplieron y Sylvester fue liberado al cabo de seis días.

Siguen luego varios casos de plagio efectuados por Montoneros y el ERP para financiar sus actividades. La Exxon paga a Montoneros 14 millones de dólares por el rescate de su más alto ejecutivo y el 19 de Septiembre de 1974 secuestran a Jorge y Juan Born, máximos directivos de la multinacional Bunge y Born. Los hermanos Born fueron liberados en Junio de 1975 luego que se pagara un rescate por 60 millones de dólares y 1.5 millones de esa moneda, en mercaderías distribuidas en los barrios más pobres de la capital. Este secuestro ha sido no solamente el que originó el mayor rescate de la historia, sino que a su vez el que ha producido grandes interrogantes acerca del destino y utilización de los fondos y curiosas situaciones referente a los protagonistas del hecho. Hay consenso en que un 70% de los 60 millones fueron trasladados a Cuba y que desde allí alrededor de 25 millones fueron transferidos a cuentas de los montoneros en el extranjero, lo que les permitió financiar las actividades del grupo entre 1975 y 1977. La otra parte, al parecer, quedó en poder de los cubanos quienes la imputaron a gastos operativos. Los 17 millones restantes que se pagaron a la liberación de los rehenes fue administrado por el banquero David Graiver que invirtió una buena parte de ellos en acciones de grupos de prensa y luego falleció en un extraño accidente de avión sin que sus restos hayan sido identificados hasta la fecha. Rodolfo Galimberti o “el loco Galimba” que dirigía la Columna Norte de Montoneros y que participó en el operativo se asoció años mas tarde con Jorge Born y fue, antes de morir de un infarto, uno de los que más propició la recuperación de los dólares enviados a Cuba para restituirlo a sus secuestrados. Roberto Quieto, uno de sus máximos dirigentes y participante de la Operación Mellizas, como se llamó a este secuestro, fue detenido por la policía federal el 28 de diciembre de 1975, durante el Gobierno de Isabel Perón y desde entonces se encuentra desaparecido.

Las turbulencias políticas de los años 60 y 70 conmueven también a Uruguay país que siempre fue distinguido como el portador del label democrático y de la tolerancia.

La lista de los secuestros políticos en Uruguay es larga. Hay algunos casos emblemáticos rodeados, algunos de ellos, de leyendas. Se cuentan entre los primeros plagiados en 1978 Ulysses Pereyra Reverbell quien fue Presidente de la empresa estatal de energía eléctrica (UTE) y asesor importante de Pacheco Areco. Le seguirán el banquero Gaetano Pellegrini Giampietro, propietario además de una empresa editora periodística; Carlos Frick Davie, ex ministro de Ganadería y Agricultura; el magistrado Daniel Pereyra Manelli; el norteamericano Dan Mitrione; el cónsul de Brasil Aloysio Días Gomide; el embajador inglés Geoffrey Jackson; el industrial Jorge Berembau; la periodista francesa Michelle Ray el hijo del industrial Sergio Molaguero y otros más hasta contabilizar una veintena. Dos movimientos guerrilleros se destacan: Los Tupamaros y la organización Popular Revolucionaria (OPR 33).

El secuestro y posterior asesinato del agente del FBI Dan Mitrione, el 31 de Julio de 1970, puso en el primer plano de la noticia al grupo MLN o Tupamaros. Mitrione que actuaba bajo la cobertura de la AID, fue plagiado por los Tupas, encerrado en una cárcel del pueblo y enjuiciado por torturador y asesor de la policía en métodos de apremios físicos, antes de ser liquidado el 10 de agosto de 1970. Su caso fue llevado al cine por Costa Gavras bajo el título de “Estado de Sitio”. Pereyra Reverbell (plagiado dos veces) y Carlos Frick estuvieron a segundos de ser asesinados cuando se descubre, gracias a Amodio Pérez, la cárcel del pueblo donde estaban encerrados. Se salvaron porque dos de sus guardianas no se pusieron de acuerdo en eliminarlos en el momento en que la policía descubrió el escondite.

La OPR 33 se publicitó con el secuestro de Sergio Hugo Molaguero Brescia quien estuvo secuestrado desde el 11 de mayo al 19 de julio de 1972. Molaguero hijo del más importante empresario de la industria del calzado, fue secuestrado a raíz del conflicto en la empresa SERAL, de propiedad de su padre, donde él mismo trabajaba. Al no acceder a las demandas salariales que consideraba excesivas, la anarco sindicalista OPR 33 procedió al operativo en el que estuvo directamente involucrado Sergio Vásquez, hermano del ex presidente Tabaré Vásquez. En los 69 días de cautiverio, Molaguero sufrió un grave deterioro físico y perdió alrededor de 18 kilos, pues su alimentación durante un buen momento consistió en algunas mínimas porciones de arroz. Esto dio origen a una leyenda que circuló fuertemente entren los presos políticos de las cárceles de Uruguay y Argentina. Se decía que el Empresario se negaba a aumentar los salarios a sus trabajadores por considerarlos ya excesivos y cuando se le argumentaba que con lo que ganaban no alcanzaba ni siquiera para alimentar a una familia durante 15 días. Molaguero padre contra argumentaba dando una receta en base a polenta y arroz que según sus cálculos, debería permitir alimentarse sanamente y ahorrar una pequeña cantidad. A esta dieta según esa leyenda, fue sometido su secuestrado hijo.

En Chile no hay antecedentes de secuestro político antes de 1983, fuera de un curioso episodio protagonizado por el sindicalista Edgardo Mass en 1950 conocido como “el auto rapto de Colliguay”. Mass se escondió en una parcela cercana a Valparaíso con el objeto de simular un plagio político y desestabilizar al gobierno de la época. Aparte de lo anecdótico del hecho y del mal uso del término “ rapto” en vez de “secuestro” que haría palidecer de ira a eminentes juristas seguidores del gran penalista italiano Francesco Carrara, es durante el período de la dictadura de Pinochet cuando el Frente Patriótico Manuel Rodríguez realiza tres secuestros políticos. El primero de ellos fue el del periodista y subdirector del periódico gubernamental La Nación, Sebastiano Bertolone Galletti en 1983. Luego el del coronel de ejército Carlos Carreño en 1987 y el del empresario Cristián Edwards, hijo del magnate de la prensa chilena Agustín Edwards en 1991.

La liberación de los periodistas franceses motivó el recuerdo de algunos plagios emblemáticos con el colofón que por muy justos que puedan parecer los objetivos perseguidos por cualquier movimiento político o de liberación nacional, el secuestro es, en sí, un gravísimo delito y en ningún caso debe ser utilizado, justificado o mirado con simpatía.

lunes, 23 de mayo de 2011

El relator Fernando Volio y el conjuro de la Soda Tapia


(En memoria de Julio Godio, que degustó más de algún café en ese lugar).
por Agustin Munoz V


Pocas ciudades en el mundo deben ser tan aburridas para un desprevenido visitante como San José de Costa Rica en un día domingo de lluvia torrencial.
A pesar de haber vivido algunos años en este maravilloso país, me aventuro imprudentemente, pasado el mediodía, por el paseo Colón, no el del bonaerense almacén donde van los que tienen perdida la fe, sino por la ruidosa y simpática avenida josefina que conduce al parque de La Sabana. Mis deportivas intenciones de correr unos minutos entre los árboles, jugadores de beisbol y pequeñas lagunas, se ven frustradas por la macondiana lluvia que se desata entre formidables truenos que nada bueno pronostican. La salvación está a dos pasos. Se trata de la conocida Soda Tapia, establecimiento que frente a La Sabana atiende por más de cuarenta años. Son famosos sus frescos o jugos, sus tamales, sus boquitas, sus suculentos sándwiches, helados o simplemente la cerveza refrescante en los calurosos días del “invierno” tico. Se dice que una importante cantidad de personajes políticos nacionales o extranjeros la frecuentaron; entre ellos: el distinguido politólogo y jurista, relator especial de las Naciones Unidas para Guinea ecuatorial y Chile, Don Fernando Volio Jiménez y el actual Presidente de Nicaragua durante sus años de exilio a finales de los 70.
Cuesta encontrar una mesa vacía pues la lluvia, la hora y la excelente tradición del establecimiento lo hace uno de los lugares frecuentados de San José. Me sitúo casi pegado a una mesa donde tres hombres de mediana edad conversan. Estamos prácticamente rosando uno de los costados por donde hay una canaleta que recoge las torrenciales lluvias y por primera vez reparo en una cantidad importante de trozos de vidrios alrededor de la misma. La fría cerveza me distrae de esos vidrios y de mis angustias de cómo regresar al hotel con tamaño diluvio. Mis vecinos conversan como se hace en estos países: con voz fuerte, sonora, sin complejos, que contrasta con la amariconada entonación que utilizamos los chilenos. Hablan de amor y de política. Me intereso en la conversación y disimuladamente no pierdo ni una sílaba de lo que dicen. Trato de encontrar un hilo conductor pues aparentemente ellos llevan ya varias cervezas a su haber. Uno de ellos les recuerda lo enamorado que estaban él y Jasmina en sus años de estudiantes hasta que ella lo dejó y rompió sin compasión en una de las mesas del recinto; habla de su terrible sufrimiento durante mucho tiempo hasta el día en que alguien le contó la leyenda del lugar en que el conjuro para esas rupturas o para olvidos amorosos imprevistos consistía en arrojar una botella en la canaleta del desagüe gritando el nombre de la amada. Explica que lo hizo y que al poco tiempo reiniciaron apasionado romance con Jasmina. La conversación toma otros rumbos y se habla de política, de los malos servicios que prestan las empresas estatales, de la violencia ciudadana. Yo sigo interesado en Jasmina, en la ruptura, en la reconciliación. ¿Servirá igualmente para los olvidos políticos? Pienso en la memoria corta de la gente y no puedo impedirme de relacionar ese extraño conjuro con dos de los personajes que frecuentaron el lugar.
Fernando Volio fue un costarricense distinguido, honesto político y un jurista de prestigio, un hombre íntegro. Como relator especial de naciones Unidas para Guinea Ecuatorial expuso con claridad las violaciones al Estado de Derecho en ese país en 1979, las graves violaciones a los derechos fundamentales y Humanos y su debida protección jurisdiccional. Fue un informe objetivo y apreciado que contribuyó positivamente a que la situación algo cambiase.
En el caso de Chile, su relatoría se refiere al año 1985, pero su informe es una completa radiografía de lo que era la dictadura en nuestro país, de la falta de libertad imperante, de la represión existente y de las graves violaciones a los derechos humanos. Durante su primer y particularmente en su segundo informe fue constantemente hostigado por las ilegítimas autoridades de la época, fundamentalmente por el entonces Ministro de relaciones Exteriores Jaime del Valle y así Volio lo hace saber en su informe. Fue amenazado; incluso el Director General de Carabineros de aquel tiempo tuvo términos duros, inapropiados e inquietantes hacia su persona. El informe se publicó con sus debidas recomendaciones. La oposición lo alabó. Volio fue nuestro héroe. La democracia llegó y nadie se acordó nunca más de don Fernando. Fue el pago de Chile hacia un hombre probo que tanto nos ayudó. En el momento que escucho la conversación, 22 de Mayo, se acaban de cumplir 15 años de su muerte. Nadie lo recordó en chile. Ni una sola palabra de nuestros senadores, diputados, sindicalistas. El olvido total. En Costa Rica al parecer muy poca gente lo recuerda. En Guinea Ecuatorial probablemente ocurra lo mismo que en Chile.
Daniel Ortega que tal vez se sentó en algunas de las mesas del lugar, tuvo al parecer algunas actitudes de ingratitud o de descuido hacia Costa Rica, país que lo acogió. Siendo Presidente de Nicaragua remitió los restos de Juan Santamaría, quien se ilustró heroicamente, el 11 de Abril de 1856, en una batalla contra el filibustero norteamericano William Walker autoproclamado Presidente de Nicaragua, en el marco de la teoría del Destino Manifiesto, que justificará posteriormente las múltiples invasiones norteamericanas en Latinoamérica. Santamaría lanzó una tea al mesón donde resistían las tropas de Walker, incendiándolo, lo que permitió ganar esa decisiva batalla que contribuyó a la derrota del filibustero Presidente. En 1980, Ortega, a petición del mandatario costarricense Rodrigo Carazo, entregó los restos que, luego de prolijos protocolos de autopsia con las técnicas más modernas, se descubre con estupor que lo que contenía la urna eran los restos de un ciervo y mandíbulas de mono y no los del héroe nacional. Indignados y ofendidos los ticos devolvieron el despojo de aquel cérvido y el Gobierno de Ortega dio una confusa respuesta a sus antiguos protectores por esta inconcebible equivocación.
El olvido popular se generaliza. Los grandes estadistas que han contribuido a la democracia, a la educación y al progreso del “soberano” son cada día más ignorados. A la entrada del Parque de la Sabana, frente a la Soda Tapia está la estatua de León Cortes, estadista de prestigio, maestro de escuela, profesor, abogado, hombre político y Presidente de Costa Rica. La escultura en bronce mira hacia el Paseo Colón. No hay una sola placa que indique su nombre, solo en la parte posterior del monumento se lee con mucho esfuerzo una inscripción blanqueada por la humedad y por el estiércol de palomas, en la que el ex presidente explicita su adhesión a los intereses del pueblo costarricense. Interrogo a seis o siete personas jóvenes y de edad mediana, todos ignoran quien es el personaje que tanto le dedicó a su pueblo.
Parece que la tendencia es olvidar el pasado político, los personajes que hicieron historia. En Ciudad de Guatemala con mi colega Octavio Racciatti, prestigiado académico uruguayo, preguntamos a dos o más policías por el lugar donde los sindicatos celebran el 1° de mayo, nos envían a una multitudinaria procesión católica en que celebran la beatificación del Papa Juan Pablo II. Inquirimos a algunas personas por los nombres de Arévalo, Arbenz, Castillo Armas. Recuerdan un poco a Jacobo Arbenz; de Castillo Armas nos dicen que es un chileno conocido. Republica Dominicana tiene mejor memoria de su historia política. Tal vez hayan contribuido a ello los escritos de Juan Boch, de Joaquín Balaguer y la novela de Mario Vargas Llosa.
El aguacero se detiene, mis vecinos consumen otra ronda de cerveza y hablan de asuntos que ya no me interesan. Vuelvo a pensar en Jasmina y en el conjuro, en su viabilidad política. Me levanto, tomo la botella vacía y la lanzo al desagüe invocando mentalmente el nombre del relator Volio. No se rompe. Parte flotando entre las aguas. Pienso que este acto tal vez contribuya a que mis compatriotas alguna vez lo recuerden con cariño y admiración. El mesero me mira estupefacto. El vecino enamorado me guiña un ojo y me sonríe con aire de complicidad.

San José de Costa Rica, 22 de Mayo de 2011.