El pecado de la carne
José Antonio Kast, el flamante
mandatario de nuestro Campo de Flores Bordado, desde el inicio de su campaña
presidencial se esforzó por mostrar una imagen de salvador de la patria, de austeridad,
de prestancia, de eficiente ejecutivo y de muy buen católico principalmente ante
los ojos del 58,16% del soberano que le dio su apoyo.
Sin embargo, a siete meses de
haber asumido, esa rebuscada imagen se fue diluyendo completamente a través de
la ineficacia de su acción gubernamental, de las descoordinaciones
ministeriales, del frecuente papelón nacional e internacional de su gobierno y
de diferentes hechos que contribuyeron a catapultar esa reputación de eficacia,
de austeridad y de buen cristiano.
No nos referiremos en esta
crónica ni a sus incumplidas promesas prioritarias como la de poner fin a la
delincuencia, de las masivas expulsiones de inmigrantes ilegales a quienes
culpa de todos los males al igual que a su antecesor Gabriel Boric. Tampoco
abordaremos sus absurdas propuestas de desarrollo económico, de disminución de
la inflación, de la cesantía, de la creación de empleo o a sus incongruentes y
retrógradas medidas sociales.
Obviaremos analizar su
papelón en la Asamblea General de la ONU, así como su rápida sumisión al Imperio
convirtiéndonos
en uno más de los integrantes del patio trasero de los Estados Unidos al
adherir al Escudo de las Américas.
Tampoco nos explayaremos sobre su silencio ante las intromisiones del Embajador norteamericano Brandon Judd en
nuestra política nacional e internacional, ni a su nula reacción ante las ofensas de desprestigiados gobernantes como Milei quien en su visita a Chile y en su presencia se
refirió despectivamente al pasado político de nuestro país, denostando al ex Presidente Salvador Allende, denigrando
igualmente a la izquierda chilena y poniendo
en duda la soberanía nacional en el estrecho de Magallanes.
Todo lo anterior da para una
importante cantidad de artículos y de comentarios. Esta vez solo nos
referiremos a su imagen de austeridad y de buen católico ampliamente destacadas
por los medios de comunicación que le son afines.
Resulta que nuestro austero
presidente decidió vivir en La Moneda, residencia que como todo
el mundo sabe fue cobardemente bombardeada por orden de Augusto Pinochet,
figura adorada por José Antonio Kast. Algunos dicen que la elección de ese
domicilio fue un símbolo político; otros, que fue para estar cerca del pueblo y
verificar el deterioro del casco histórico y de los nuevos empresarios que
invaden el centro de Santiago.
Cualquiera sea la explicación, el costo de aproximadamente cinco millones de dolares de este traslado no ha sido despreciable para quien hace ostentación de austero y que preconiza, a fin de contribuir al ahorro nacional, la disminución de beneficios sociales al pueblo que lo eligió. Claro que estos milloncitos incluyen la remodelación de las habitaciones, de las cocinas, de los salones, de su escritorio etc. la Empresa CONSTRUCTURA PIO V, quien se adjudicó los trabajos ha debido igualmente ocuparse de la iluminación, canalizaciones, sistemas eléctricos, baños, garajes y arreglos del pequeño bunker, además de la habilitación de una capilla para que los evangélicos de palacio puedan orar confortablemente. Junto con ello, se agrega el hecho que los hijos continuaran viviendo en sus antiguos domicilios aumentando los costos de prevención y seguridad.
A estas simbólicas muestras de
derroche y de ausencia de austeridad se suma el haber sido tentado por
el pecado de la carne. No se trata de que nuestro beato presidente haya cometido
fornicaciones extra maritales o que haya
sucumbido al encanto de bellas colaboradoras como lo hacia un
antiguo habitante de La Moneda en los años 40. No, por el momento no ha
incurrido en ello, sino en algo que junto a la lujuria y a otras faltas conforman los llamados pecados capitales, los que
a lo largo de los siglos han sido duramente sancionados desde los inicios de la
era cristiana por diversas autoridades eclesiásticas y en el año 590 refrendados por el Papa
Gregorio Magno.
Entre esas terribles faltas se cuentan: la ira, la gula, la soberbia, la lujuria, la pereza, la envidia y la avaricia. Si dejamos de lado la lujuria en la que por el momento no ha cometido, ¿en cuál de los otros capitales pecados ha notoriamente incurrido? Según lo conocido, ha sido en el de la Gula al haberse tentado por sabrosos cortes de filetes, costillares, asados de tira, embutidos, aves diversas, jamones pata negra y otras delicatessen del mismo orden ignorando una vez mas la austeridad tanto publicitada y su ascetismo religioso.
Desde La Moneda, en víspera de nuestras fiestas patrias, se emitieron órdenes de compra por 264,4 millones de pesos equivalentes a 241. 000 euros. Hay que imaginar la cantidad de asados y comilonas que nuestro mandatario junto a familias e invitados ha consumido o consumirá con cargo a nuestro erario nacional. Tal vez hubiese sido mas acertado que nuestro austero presidente hubiese seguido las culinarias y poco apetitosas recetas que doña Lucia, esposa del dictador, recomendaba a las mujeres pobres de nuestro Jardín del Edén, mientras consultaba con ojos ávidos los millones de dólares, productos de familiares latrocinios, acumulados en el Riggs Bank.
Es de esperar que nuestro asceta viajero
cuando regrese de su visita oficial a Bolivia no haya cedido parte de nuestro
patrimonio marítimo, ni haya consumido en exceso los afamados productos locales
y que, conforme a sus convicciones religiosas, haga los debidos actos de
constricción por sus capitales pecadillos de acuerdo a los cánones de la
iglesia católica o que ingiera los abominables platos con que se castiga la gula en el tercer
circulo del infierno de La Divina Comedia de Dante.
Paris, octubre 2026.