En muchas partes del hemisferio aún se conservan una serie de tradiciones y de costumbres que se han transmitido y mantenido a través del tiempo. Muchas de ellas son de índole religiosa ligadas esencialmente a la fe, como la Navidad, celebración casi universal que conmemora el nacimiento de Jesucristo que, hoy en día, pocas personas lo recuerdan ya que los regalos, las suculentas y regadas cenas familiares, los árboles navideños, además de panzudos Santa Claus envueltos en rojas vestimentas invernales en medio de los calores tropicales de A. Latina o de Africa contribuyen a ese olvido.
El calvario y la muerte de Jesûs
se rememoran en el mundo cristiano con la Semana Santa, cuya máxima expresión
se da en las impresionantes procesiones sevillanas donde las múltiples
cofradías se dirigen engalanadas a la imponente catedral a cumplir el vía
crucis, para luego regresar a su partida inicial en medio de los rezos,
aplausos y gritos de la multitud expectante.
Igualmente, insertas en creencias
religiosas son las peregrinaciones multitudinarias a lugares
sacros como la extenuante caminata hacia Santiago de Compostela; la de El Haij,
que anualmente concentra millones de musulmanes en La Meca; la de Karbala en
Irán o la hindú de Shikhar Kailash en homenaje al dios Shiva. Mucho menos
importantes en número, pero imbuidas de fervor religioso son, por ejemplo,
algunas que se realizan en América Latina como la de Nuestra Señora de
Guadalupe en México, la de Nuestra Señora Aparecida en Brasil, en que la imagen
de la Virgen María más grande del mundo observa a los millones de fieles que la
veneran anualmente. Menos imponentes, aunque con idéntica fe son las caminatas
hacia la virgen de Lo Vasquez, localidad cercana al mítico Valparaíso en Chile o la que se realiza desde San José de Costa
Rica hacia la Basílica de los Ángeles de Cartago para venerar a la patrona de
Costa Rica, la milagrosa Virgen morena, llamada igualmente Reina de los Ángeles
o Reina de Cartago.
Otras celebraciones tradicionales
no religiosas están muy ligadas a mitos ancestrales que dicen relación con las
cosechas, con las estaciones del año o con el rigor del invierno, destacándose
el famoso Perchten que, en Alemania, Austria o Eslovenia, con máscaras antiguas
se pretende obtener purificación para protegerse contra las inclemencias
invernales, a diferencia de la celebración de Krampus que recorre las heladas
planicies y calles con sus cuernos, colmillos y látigos representando la
ferocidad invernal sentida como castigo.
El término del frio, de las
tormentas , del hielo , de la nieve y la llegada de la primavera conlleva múltiples celebraciones y festejos con disfraces y gritos que se confunden con el ruido estruendoso
de instrumentos musicales que en más de una ocasión perturbaron a personajes
notables de la ficción como a don Juan Tenorio de José Zorrila que, iracundo,
exclamó la célebre bravata: “Cuál gritan esos malditos, pero mal rayo me
parta si, en concluyendo la carta, no
pagan caros sus gritos”. También notables son ciertas tradiciones insertas
en la esencia de la cultura nacional como las alegres y espectaculares celebraciones
del 17 de marzo en Dublin, en homenaje a San Patricio, patrono venerado de
Irlanda.
Los muertos ocupan un lugar
preferente en el ámbito de las tradiciones. Millones de personas recuerdan entre
el 31 de octubre y el 2 de noviembre a sus difuntos, principalmente en Europa,
Estados Unidos, Japón, India y otras latitudes.
América latina observa
rigurosamente esta tradición que no se limita solo a concurrir a los
cementerios a homenajear y ornar con flores las tumbas de familiares y
amistades, sino que va más allá de ello. Esas fechas son, en algunos países, verdaderas
festividades que combinan lo religioso y lo pagano en las que México sin
ninguna duda brilla por su originalidad, colorido y exuberancia recogiendo
raíces indígenas prehispánicas y un fuerte legado revolucionario. Sus altares
perfumados con palosanto y ricamente engalanados con figuras provenientes del
mercado de Sonora, exponen las ofrendas de bebidas, de alimentos y de flores de
naranja que ofrecen las familias a sus difuntos en cada vecindario, compartiendo
con alegre fraternidad las calaveras de azúcar y el pan de los muertos en una mezcla
de veneración, de fraternidad y de respeto hacia los que ya partieron, emulando
a Carpentier, del reino de este mundo
Halloween, que se celebra la
noche del 31 de octubre, tiene sus orígenes en una festividad pagana Celta llamada
Samhain, ligada al fin del otoño, de las cosechas y basada en la creencia que
esa noche los difuntos resucitaban para visitar sus antiguas moradas. Halloween
derivada de All Hallows Eve, víspera de todos los Santos, con el correr del
tiempo se expandió a Europa, los Estados Unidos y evidentemente hacia América
Latina donde grupos de niños y jóvenes recorren las casas con disfraces de
brujas, de vampiros o de esqueletos, solicitando dulces y golosinas a cambio de
oraciones, canciones, bailes, buenos deseos o simplemente agradeciendo.
En Francia existe la tradición de
ofrecer el 1° de Mayo, a familiares o amistades, una delicada rama de la
blanca y perfumada flor de Muguet. Esta costumbre se ha impuesto, en una curiosa
mezcla de remotas festividades célticas o romanas en honor a la primavera, de fervor
durante la revolución de 1789 y de secuelas populistas del régimen de Vichi en
1941
Más allá de la anecdótica
tradición del Muguet, el Primero de Mayo es el día internacional de los trabajadores
y es, sin duda alguna, la conmemoración más importante del mundo del trabajo
que se celebra universalmente en esa fecha con la excepción de los Estados
Unidos y de Canada que lo hacen el primer lunes de septiembre bajo el nombre de
Labor day.
En ese día se conmemora la gran
huelga general del 1 de mayo de 1886, que tuvo lugar en las más importantes
ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica como Nueva York, Chicago,
Baltimore, Milwanka y otras. Esta huelga fue convocada por las organizaciones
sindicales norteamericanas, siguiendo uno de los objetivos de la Asociación
Internacional de Trabajadore o Primera Internacional, en vías de obtener mejores
condiciones laborales, particularmente la reducción de la jornada a ocho horas
de trabajo.
En ese 1° de mayo el paro fue
total, así como la brutal represión y la provocación policial ante los cientos
de miles de trabajadores que se manifestaron en las calles. La continuidad de
la huelga general fue seguida por una brutal represión que deja como saldo, el
día 3 del mismo mes, seis obreros asesinados pertenecientes a la empresa Mc
Cormic Reaper, además de numerosos heridos y detenidos. La manifestación de
protesta realizada el día siguiente, 4 de mayo, en Chicago, en Haymarket
Square, culmina con una enorme tragedia al estallar una bomba puesta por un
desconocido. Mueren 12 personas, ocho policías y cuatro trabajadores y más de
60 personas quedan en estado grave.
Los organizadores y los
principales oradores son inculpados y en uno de los juicios más infamantes de
la historia se condena a ocho de los detenidos de los cuales cuatro de ellos
(Spies, Fischer,Engel y Parson) fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887;
Louis Lingg se suicida en prisión; Schwad y Fielden fueron condenados a prisión
perpetua y Neebe a 15 años de reclusión. Seis años más tarde el gobernador de
Illinois decide revisar el proceso y se decreta la libertad sin condiciones de
los detenidos y la pública rehabilitación de los ejecutados.
Con ocasión del centenario de la
“Toma de la Bastilla”, la Segunda Internacional se reúne en Congreso en Paris,
en 1889. Allí, los delegados norteamericanos entregan un conmovedor testimonio
de los sucesos de mayo de 1886 y por unanimidad se adopta la resolución de
apoyar la decisión de la Federación Americana del Trabajo que en St. Louis
eligió el 1° de mayo de 1890 para manifestarse mundialmente por la obtención de
las 8 horas de trabajo.
El movimiento por las ocho horas
logra finalmente su objetivo que se consagra por una resolución de la naciente
Organización Internacional del Trabajo (OIT), a través del Convenio núm.1
adoptado el 28 de noviembre de 1919 en Washington. Luego de este triunfo, el 1°
de mayo se convierte en el mundo entero, salvo las dos excepciones mencionadas,
en el día internacional de los trabajadores.
Esta tradición continua hasta
nuestros días a pesar de las evoluciones que han experimentado los
trabajadores, el aparato productivo, los intercambios comerciales, el
impresionante avance científico-tecnológico, las mutaciones político-sociales y
las enormes presiones del gran capital y de las fuerzas políticas ligadas al
neoliberalismo.
Esas presiones se intensifican
para romper la tradición, para terminar con las históricas conquistas laborales
que han mejorado las condiciones de vida de millones de trabajadores en el
mundo.
Europa que ha sido la cuna de
donde han emergido los movimientos sociales que han dado progreso y prosperidad
a sus habitantes, desde hace algunas décadas ha iniciado campañas, acciones
políticas y legislativas para terminar con importantes logros laborales propiciando
el aumento del número de horas de
trabajo semanal y de la edad para
pensionarse, el fin de la solidaridad de las jubilaciones propiciando los
sistemas por capitalización, disminución de las garantías existentes para los
desempleados , el fin de feriados emblemáticos como el 1° de mayo etc.
Alemania y Francia se han
destacado recientemente por sus empeños ultraliberales. En el primero se
prepara una importante reforma del régimen de pensiones y en Francia se avanza raudamente
a ello empleando la mentira y el engaño a través de los medios de difusión, de
los partidos políticos, de las asociaciones empresariales y de la propaganda.
Un elegante joven ex primer
ministro que en algún momento trató de crear una imagen de progresismo como
militante socialista y que nunca conoció lo que es el trabajo, que jamás estuvo
en contacto con los necesitados pues nació en cuna de oro, que se educó y trabajó en un universo de
privilegios muy distinto al de los obreros, campesinos, mineros, pescadores,
comerciantes etc. y que raramente
alcanzan a disfrutar de sus magras pensiones, es el gran precursor, junto al conservatismo de Bruno Retailleau, de Edouard Philippe, de Marine Le Pen, de Bardella
y demases , de trabajar más durante el día,
la semana, el año y hasta casi el fin de la vida promoviendo la derogación de
las conquistas sociales y la introducción
de los regímenes de capitalización.
Aunque más debilitado, el
sindicalismo resiste y hace esfuerzos por movilizar a sus adherentes y hacer
sentir su voz hacia la sociedad preconizando el Trabajo Decente y la justicia
social. Su capacidad de movilización se ha reducido; ya no son las grandes y
masivas marchas que convocaban a miles, y hasta millones de personas en las
plazas de La Republique, de La Nation o en el Muro de los Federados en el
cementerio de Pere Lachaise.
Si bien los manifestantes han
disminuido fuertemente en esos lugares emblemáticos, el fervor sindical y la tradición
de lucha continúa, siendo hasta el momento la única barrera importante que se
mantiene y que puede retener el avance del tsunami ultraderechista que comienza
a destruir los derechos laborales y la democracia.
Paris, 1° de mayo 2026.
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