miércoles, 10 de diciembre de 2025

EL PAGO DE CHILE A DIARIOS Y REVISTAS DE OPOSICION A LA DICTADURA

 

Hace 35 años, el 11 de marzo de 1990 asume la presidencia de la república Patricio Aylwin, después de haber ganado las elecciones de diciembre de 1989, apoyado por el conjunto de las fuerzas democráticas del país. Curiosamente en ese mismo mes de diciembre, coincidiendo con la elección presidencial, cierra definitivamente CAUCE, una de las revistas que más combatió a la dictadura militar chilena.

Con la elección del presidente Aylwin se pone fin al régimen militar y se inicia un largo periodo de transición a la democracia. Paradojalmente fue esa misma democracia quien exterminó las revistas y periódicos opositores a la dictadura y que terminó apoyando, en los hechos, a los medios de comunicación escritos afines al gobierno cívico-militar.

Las principales expresiones de esta prensa escrita emergen a partir de 1976 con el primer número de la revista Apsi, siglas de Agencia de Prensa y Servicios informativos, dirigida entonces por Arturo Navarro y luego por Marcelo Contreras. Le seguirán en 1977, Análisis cuyo emblemático director fue Juan Pablo Cárdenas y Hoy fundada por el conocido periodista Emilo Philippi quien dirigirá igualmente el diario La Época creado en 1987.

En 1978 aparece la revista cultural de oposición La Bicicleta, dirigida por Eduardo Yentsen y Antonio de la Fuente. Esta publicación muy crítica de la inexistente política cultural de la dictadura, fue un canal de expresión del arte censurado. Años más tarde en 1998 ya en plena democracia aparecerá la revista cultural Rocinante dirigida por Faride Zerán, premio nacional de periodismo y que a pesar de su éxito deberá cerrar en 2005 por falta de avisaje.

La combativa revista Cauce publica su primer número en 1983. Tuvo como directores a Carlos Neely, Gonzalo Figueroa, Edwin Harrington, Francisco Herreros y Álvaro Briones, además de contar con un importante número de destacados periodistas y colaboradores entre los que se destaca una gran figura nacional e internacional: la galardonada premio nacional de periodismo Mónica González.

Jorge Lavanderos quien jugó un destacado rol como opositor a la dictadura de Pinochet reemerge en 1984 el diario Fortín Mapocho o Fortín Diario que había sido fundado en 1947 como una expresión escrita de trabajadores de ferias públicas y del deporte. permaneciendo en silencio durante muchos años. Sus directores entre otros fueron Felipe Pozo, Hernán Pinto Uribe, Jorge Donoso Pacheco, Eduardo Trabucco. Sin embargo, la línea editorial emanaba de Lavanderos.

El conjunto de esta prensa, con énfasis distintos, realizó una férrea crítica  a la dictadura desafiando a todas las limitaciones a la libertad de expresión impuestas por la censura, a las repetidas clausuras, a la arbitrariedad del poder judicial y a la feroz represión de las fuerzas de seguridad contra sus periodistas y directores que en la mayoría de los casos culminaron con amedrentamientos, cárcel, torturas y asesinatos como el perpetrado contra Pepe Carrasco editor internacional de Análisis.

Las valientes denuncias y los documentados reportajes de esos medios contribuyeron a mostrar el verdadero rostro del régimen dictatorial; su crueldad, sus crímenes, su autoritarismo, las restricciones a las libertades públicas, sus abusos, la corrupción imperante, el desastre de su política económica, etc., contribuyendo a una mayor toma de conciencia, a la necesidad de organizarse y de avanzar hacia una salida democrática,  dando además tribuna a la gran mayoría de personajes que dirigirían el país luego de la caída de Pinochet.

Con la llegada al poder de la Concertación y de su prometedor slogan “La alegría ya viene”, se produce contrariamente una desaparición paulatina y rápida del conjunto de esos medios de comunicación.

 La primera en cerrar sus puertas fue la revista Cauce, tan odiada y temida por la dictadura. Cauce publica su último número, el 227, en diciembre de 1989. Le seguirán La Bicicleta en 1990, Fortín Mapocho en 1991, Análisis en 1993, Apsi en 1995 y la revista HOY y el diario La Época en 1998.

¿Por qué la alegría no llegó a estos importantes medios de comunicación que habían sido un pilar esencial en la lucha contra el régimen militar? ¿Qué factores influyeron para que el nuevo gobierno democrático los ignorara y que paradojalmente favoreciera a la prensa de la dictadura como El Mercurio y La Tercera?

Las explicaciones son diversas aun cuando todas coinciden en la falta de financiamiento, pues la casi totalidad de esos medios funcionaban en gran medida con aportes provenientes del extranjero los que en su gran mayoría cesaron con la llegada de la democracia, quedando sometidos a las leyes de la concurrencia y a un eventual apoyo gubernamental a través de subvenciones especiales o de publicidades de las empresas controladas por el estado.

Aportes y publicidades que jamás llegaron según señala Juan Pablo Cárdenas, ex director de Análisis y premio nacional de periodismo,   en una interesante entrevista concedida en 2008  en la que, además, denuncia el bloqueo gubernamental al apoyo de donantes internacionales, como el gobierno de Holanda que ofreció oficialmente unas muy  importantes sumas de dinero para que los diarios y revistas que fueron oposición a la dictadura y que aun subsistían como Análisis, Apsi, Hoy, Fortín Mapocho, La Época y  otros,  pudiesen seguir existiendo hasta que pudiesen consolidarse en la etapa democrática. Este ofrecimiento, al igual que una propuesta económica del gobierno y de los sindicatos italianos, fue igualmente bloqueado con argumentos diversos y promesas de compensación que jamás se concretaron.

Sin avisaje estatal, sin posibilidades de obtener préstamos blandos en el Banco del Estado y sin otros financiamientos, la supervivencia de diarios y revistas era casi imposible.

Es más; a fin de asegurarse el control de algunas publicaciones el gobierno a través de personeros como Enrique Correa, Belisario Velazco y Carlos Bascuñán hicieron gestiones que culminaron con la compra de las acciones de la revista Análisis para enseguida proceder a su cierre. Este mismo procedimiento fue utilizado con otros medios a excepción de Hoy y La Época que contaron con el apoyo gubernamental, según se lee en el libro: “Enrique Correa. Una biografía sobre el poder” de Andrea Insunza y Javier Ortega publicado en mayo de 2025: “porque eran medios más cercanos a la Democracia Cristiana… Y, sobre todo, con las gestiones de algunos ministros ante Anacleto Angelini, entonces el empresario más rico del país, quien al menos en el caso de La Época entregó financiamiento para su supervivencia.” Aun así, ambas publicaciones cerraron definitivamente en 1998.

Como se desprende de lo anterior, existió una clara voluntad de parte de los gobiernos de la Concertación por terminar con la prensa que otrora enfrentó con valentía a la dictadura, ignorando completamente, además, las propuestas de la Comisión de Programa de Gobierno sobre los Medios de Comunicación creada antes de la elección presidencial y que preconizaba formas para mantener a esos diarios y revistas.

Las motivaciones para no dar apoyo a la ya mencionada prensa, se encuentran, por una parte, en la adhesión gubernamental a las políticas de mercado y de la libre concurrencia que en sus principios les impedía intervenir como lo expresara Eugenio Tironi, olvidando que el gobierno privilegiaba a El Mercurio y La Tercera. De igual manera, el mismo Eugenio Tironi preconizaba que: “No hay mejor política de comunicaciones que no tener políticas de comunicaciones”.

Por otra parte, hubo una motivación política. No se podía tolerar que medios independientes ejercieran un rol critico a las políticas gubernamentales pues ello contribuiría a su deterioro y menos que se hicieran críticas a uniformados y policías pues dificultaba el proceso de transición. De allí que el  énfasis se centrara en un acercamiento a los medios que fueron el sustento comunicacional de la dictadura, entregándoles apoyo y avisaje a cambio de un tratamiento mas suave hacia las acciones del gobierno. Se consolida  de esta forma el duopolio mediático en Chile y  la preocupación de las autoridades se centra en la radio, en Televisión Nacional y en el diario La Nación.

Sin embargo, esta tregua del duopolio hacia los gobiernos concertacionistas durará hasta el año 2003, en la mitad de la presidencia de Ricardo Lagos y continuará posteriormente con los dos mandatos de Michelle Bachelet. La ruptura se debe sin dudas a las reformas políticas impulsadas por Lagos y Bachelet.

Cuesta  entender que no se hubiesen expresado publicas críticas al accionar comunicacional del Gobierno ni de parte  de los partidos políticos de izquierda, ni de parte de ministros de estado  que eran militantes  socialistas, del PPD o que habían formado parte de otros movimientos  mas de izquierda. Igualmente los que fueron responsables políticos de los partidos de la Concertación eluden referirse a ello. Leyendo las Memorias publicadas  y autorizadas por ex ministros o por ex dirigentes de izquierda, este tema no se aborda.

Es el pago de Chile a una prensa que dio la cara en los años de plomo de la vida nacional.

Emulando a Carlos Pezoa Veliz en su célebre poema “Nada”, podríamos también decir sobre el entierro de esa combativa prensa: “Una paleteada le echó el panteonero…. Tras la paleteada, nadie dijo nada, nadie dijo nada”.

Diciembre 2025

 

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