Hace 35 años, el 11 de marzo de 1990 asume la presidencia de la república Patricio Aylwin, después de haber ganado las elecciones de diciembre de 1989, apoyado por el conjunto de las fuerzas democráticas del país. Curiosamente en ese mismo mes de diciembre, coincidiendo con la elección presidencial, cierra definitivamente CAUCE, una de las revistas que más combatió a la dictadura militar chilena.
Con la elección del presidente
Aylwin se pone fin al régimen militar y se inicia un largo periodo de
transición a la democracia. Paradojalmente fue esa misma democracia quien
exterminó las revistas y periódicos opositores a la dictadura y que terminó
apoyando, en los hechos, a los medios de comunicación escritos afines al
gobierno cívico-militar.
Las principales expresiones de
esta prensa escrita emergen a partir de 1976 con el primer número de la revista
Apsi, siglas de Agencia de Prensa y Servicios informativos, dirigida
entonces por Arturo Navarro y luego por Marcelo Contreras. Le seguirán en 1977,
Análisis cuyo emblemático director fue Juan Pablo Cárdenas y Hoy fundada
por el conocido periodista Emilo Philippi quien dirigirá igualmente el diario La
Época creado en 1987.
En 1978 aparece la revista
cultural de oposición La Bicicleta, dirigida por Eduardo Yentsen y
Antonio de la Fuente. Esta publicación muy crítica de la inexistente política
cultural de la dictadura, fue un canal de expresión del arte censurado. Años
más tarde en 1998 ya en plena democracia aparecerá la revista cultural Rocinante
dirigida por Faride Zerán, premio nacional de periodismo y que a pesar de su
éxito deberá cerrar en 2005 por falta de avisaje.
La combativa revista Cauce
publica su primer número en 1983. Tuvo como directores a Carlos Neely, Gonzalo
Figueroa, Edwin Harrington, Francisco Herreros y Álvaro Briones, además de
contar con un importante número de destacados periodistas y colaboradores entre
los que se destaca una gran figura nacional e internacional: la galardonada
premio nacional de periodismo Mónica González.
Jorge Lavanderos quien jugó un
destacado rol como opositor a la dictadura de Pinochet reemerge en 1984 el
diario Fortín Mapocho o Fortín Diario que había sido fundado en 1947
como una expresión escrita de trabajadores de ferias públicas y del deporte.
permaneciendo en silencio durante muchos años. Sus directores entre otros
fueron Felipe Pozo, Hernán Pinto Uribe, Jorge Donoso Pacheco, Eduardo Trabucco.
Sin embargo, la línea editorial emanaba de Lavanderos.
El conjunto de esta prensa, con
énfasis distintos, realizó una férrea crítica a la dictadura desafiando a todas las
limitaciones a la libertad de expresión impuestas por la censura, a las
repetidas clausuras, a la arbitrariedad del poder judicial y a la feroz
represión de las fuerzas de seguridad contra sus periodistas y directores que
en la mayoría de los casos culminaron con amedrentamientos, cárcel, torturas y
asesinatos como el perpetrado contra Pepe Carrasco editor internacional de Análisis.
Las valientes denuncias y los documentados
reportajes de esos medios contribuyeron a mostrar el verdadero rostro del
régimen dictatorial; su crueldad, sus crímenes, su autoritarismo, las
restricciones a las libertades públicas, sus abusos, la corrupción imperante,
el desastre de su política económica, etc., contribuyendo a una mayor toma de
conciencia, a la necesidad de organizarse y de avanzar hacia una salida
democrática, dando además tribuna a la
gran mayoría de personajes que dirigirían el país luego de la caída de
Pinochet.
Con la llegada al poder de la
Concertación y de su prometedor slogan “La alegría ya viene”, se produce
contrariamente una desaparición paulatina y rápida del conjunto de esos medios
de comunicación.
La primera en cerrar sus puertas fue la
revista Cauce, tan odiada y temida por la dictadura. Cauce
publica su último número, el 227, en diciembre de 1989. Le seguirán La
Bicicleta en 1990, Fortín Mapocho en 1991, Análisis en 1993,
Apsi en 1995 y la revista HOY y el diario La Época en 1998.
¿Por qué la alegría no llegó a
estos importantes medios de comunicación que habían sido un pilar esencial en
la lucha contra el régimen militar? ¿Qué factores influyeron para que el nuevo
gobierno democrático los ignorara y que paradojalmente favoreciera a la prensa
de la dictadura como El Mercurio y La Tercera?
Las explicaciones son diversas
aun cuando todas coinciden en la falta de financiamiento, pues la casi
totalidad de esos medios funcionaban en gran medida con aportes provenientes
del extranjero los que en su gran mayoría cesaron con la llegada de la democracia,
quedando sometidos a las leyes de la concurrencia y a un eventual apoyo
gubernamental a través de subvenciones especiales o de publicidades de las
empresas controladas por el estado.
Aportes y publicidades que jamás
llegaron según señala Juan Pablo Cárdenas, ex director de Análisis y
premio nacional de periodismo, en una
interesante entrevista concedida en 2008
en la que, además, denuncia el bloqueo gubernamental al apoyo de
donantes internacionales, como el gobierno de Holanda que ofreció oficialmente
unas muy importantes sumas de dinero
para que los diarios y revistas que fueron oposición a la dictadura y que aun
subsistían como Análisis, Apsi, Hoy, Fortín Mapocho, La Época
y otros,
pudiesen seguir existiendo hasta que pudiesen consolidarse en la etapa
democrática. Este ofrecimiento, al igual que una propuesta económica del
gobierno y de los sindicatos italianos, fue igualmente bloqueado con argumentos
diversos y promesas de compensación que jamás se concretaron.
Sin avisaje estatal, sin
posibilidades de obtener préstamos blandos en el Banco del Estado y sin otros
financiamientos, la supervivencia de diarios y revistas era casi imposible.
Es más; a fin de asegurarse el
control de algunas publicaciones el gobierno a través de personeros como
Enrique Correa, Belisario Velazco y Carlos Bascuñán hicieron gestiones que
culminaron con la compra de las acciones de la revista Análisis para
enseguida proceder a su cierre. Este mismo procedimiento fue utilizado con
otros medios a excepción de Hoy y La Época que contaron con el
apoyo gubernamental, según se lee en el libro: “Enrique Correa. Una
biografía sobre el poder” de Andrea Insunza y Javier Ortega publicado en
mayo de 2025: “porque eran medios más cercanos a la Democracia Cristiana… Y,
sobre todo, con las gestiones de algunos ministros ante Anacleto Angelini,
entonces el empresario más rico del país, quien al menos en el caso de La
Época entregó financiamiento para su supervivencia.” Aun así, ambas
publicaciones cerraron definitivamente en 1998.
Como se desprende de lo anterior,
existió una clara voluntad de parte de los gobiernos de la Concertación por
terminar con la prensa que otrora enfrentó con valentía a la dictadura,
ignorando completamente, además, las propuestas de la Comisión de Programa de
Gobierno sobre los Medios de Comunicación creada antes de la elección
presidencial y que preconizaba formas para mantener a esos diarios y revistas.
Las motivaciones para no dar
apoyo a la ya mencionada prensa, se encuentran, por una parte, en la adhesión
gubernamental a las políticas de mercado y de la libre concurrencia que en sus
principios les impedía intervenir como lo expresara Eugenio Tironi, olvidando
que el gobierno privilegiaba a El Mercurio y La Tercera. De igual
manera, el mismo Eugenio Tironi preconizaba que: “No hay mejor política de
comunicaciones que no tener políticas de comunicaciones”.
Por otra parte, hubo una
motivación política. No se podía tolerar que medios independientes ejercieran
un rol critico a las políticas gubernamentales pues ello contribuiría a su
deterioro y menos que se hicieran críticas a uniformados y policías pues dificultaba
el proceso de transición. De allí que el énfasis se centrara en un acercamiento
a los medios que fueron el sustento comunicacional de la dictadura,
entregándoles apoyo y avisaje a cambio de un tratamiento mas suave hacia las acciones del gobierno. Se consolida de esta forma el duopolio mediático
en Chile y la preocupación de las autoridades se centra en la radio, en Televisión Nacional y en
el diario La Nación.
Sin embargo, esta tregua del duopolio hacia los gobiernos concertacionistas durará hasta el año 2003, en la mitad de la presidencia de Ricardo Lagos y continuará posteriormente con los dos mandatos de Michelle Bachelet. La ruptura se debe sin dudas a las reformas políticas impulsadas por Lagos y Bachelet.
Cuesta entender que no se hubiesen expresado publicas críticas al accionar comunicacional del Gobierno ni de parte de los partidos políticos de izquierda, ni de parte de ministros de estado que eran militantes socialistas, del PPD o que habían formado parte de otros movimientos mas de izquierda. Igualmente los que fueron responsables políticos de los partidos de la Concertación eluden referirse a ello. Leyendo las Memorias publicadas y autorizadas por ex ministros o por ex dirigentes de izquierda, este tema no se aborda.
Es el pago de Chile
a una prensa que dio la cara en los años de plomo de la vida nacional.
Emulando a Carlos Pezoa Veliz en
su célebre poema “Nada”, podríamos también decir sobre el entierro de esa
combativa prensa: “Una paleteada le echó el panteonero…. Tras la paleteada,
nadie dijo nada, nadie dijo nada”.
Diciembre 2025
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