jueves, 15 de octubre de 2026

El pecado de la carne

 

El pecado de la carne

                                                            

José Antonio Kast, el flamante mandatario de nuestro Campo de Flores Bordado, desde el inicio de su campaña presidencial se esforzó por mostrar una imagen de salvador de la patria, de austeridad, de prestancia, de eficiente ejecutivo y de muy buen católico principalmente ante los ojos del 58,16% del soberano que le dio su apoyo.

Sin embargo, a siete meses de haber asumido, esa rebuscada imagen se fue diluyendo completamente a través de la ineficacia de su acción gubernamental, de las descoordinaciones ministeriales, del frecuente papelón nacional e internacional de su gobierno y de diferentes hechos que contribuyeron a catapultar esa reputación de eficacia, de austeridad y de buen cristiano.

No nos referiremos en esta crónica ni a sus incumplidas promesas prioritarias como la de poner fin a la delincuencia, de las masivas expulsiones de inmigrantes ilegales a quienes culpa de todos los males al igual que a su antecesor Gabriel Boric. Tampoco abordaremos sus absurdas propuestas de desarrollo económico, de disminución de la inflación, de la cesantía, de la creación de empleo o a sus incongruentes y retrógradas medidas sociales.

Obviaremos analizar   su papelón en la Asamblea General de la ONU, así como su rápida sumisión al Imperio   convirtiéndonos en uno más de los integrantes del patio trasero de los Estados Unidos al adherir al Escudo de las Américas.

Tampoco nos explayaremos sobre  su silencio ante las intromisiones   del Embajador norteamericano Brandon Judd en nuestra política nacional e internacional, ni a su nula reacción  ante las ofensas  de desprestigiados gobernantes como Milei  quien  en su visita a Chile y en su presencia se refirió despectivamente al pasado político de nuestro país, denostando  al ex Presidente Salvador Allende, denigrando igualmente  a la izquierda chilena y poniendo en duda la soberanía nacional en el estrecho de Magallanes.

Todo lo anterior da para una importante cantidad de artículos y de comentarios. Esta vez solo nos referiremos a su imagen de austeridad y de buen católico ampliamente destacadas por los medios de comunicación que le son afines.

Resulta que nuestro austero presidente decidió vivir en  La Moneda, residencia que como todo el mundo sabe fue cobardemente bombardeada por orden de Augusto Pinochet, figura adorada por José Antonio Kast. Algunos dicen que la elección de ese domicilio fue un símbolo político; otros, que fue para estar cerca del pueblo y verificar el deterioro del casco histórico y de los nuevos empresarios que invaden el centro de Santiago.

Cualquiera sea la explicación, el costo de aproximadamente cinco millones de dolares de este traslado no ha sido despreciable para quien hace ostentación de austero y que preconiza, a fin de  contribuir al ahorro nacional, la disminución de beneficios sociales al pueblo que lo eligió. Claro que estos milloncitos incluyen  la remodelación de las habitaciones, de las cocinas,  de los salones, de su escritorio etc.  la Empresa CONSTRUCTURA PIO V, quien se adjudicó los trabajos ha debido igualmente ocuparse de la iluminación, canalizaciones, sistemas eléctricos, baños, garajes y arreglos del pequeño bunker, además de la habilitación de una capilla para que los evangélicos de palacio puedan orar confortablemente. Junto con ello, se agrega el hecho que los hijos continuaran viviendo en sus antiguos domicilios aumentando los costos de prevención y seguridad.

A estas simbólicas muestras de derroche y de ausencia  de  austeridad se suma el haber sido tentado por el pecado  de la carne. No se trata de que nuestro beato presidente haya cometido  fornicaciones extra maritales o que haya sucumbido al encanto de bellas colaboradoras  como lo hacia un antiguo habitante de La Moneda en los años 40. No, por el momento no ha incurrido en ello,  sino en algo  que junto a la lujuria y a otras faltas  conforman los llamados pecados capitales,  los  que a lo largo de los siglos han sido duramente sancionados desde los inicios de la era cristiana por diversas autoridades eclesiásticas  y en el año 590 refrendados por el Papa Gregorio Magno.

Entre esas terribles faltas se cuentan: la ira, la gula, la soberbia, la lujuria, la pereza, la envidia y la avaricia. Si dejamos de lado la lujuria en la que por el momento no ha cometido, ¿en cuál de los otros capitales pecados ha notoriamente incurrido? Según lo conocido, ha sido en el de la Gula al haberse tentado por sabrosos cortes de filetes, costillares, asados de tira, embutidos, aves diversas, jamones pata negra y otras delicatessen del mismo orden ignorando una vez mas la austeridad tanto publicitada y su ascetismo religioso. 

Desde La Moneda, en víspera de nuestras fiestas patrias, se emitieron órdenes de compra por 264,4 millones de pesos equivalentes a 241. 000 euros. Hay que imaginar la cantidad de asados y comilonas que nuestro mandatario junto a familias e invitados ha consumido o consumirá con cargo a nuestro erario nacional. Tal vez hubiese sido mas acertado que nuestro austero presidente hubiese seguido las culinarias y poco apetitosas recetas que doña Lucia, esposa del dictador, recomendaba a las mujeres pobres de nuestro Jardín del Edén, mientras consultaba con ojos ávidos los millones de dólares, productos de familiares latrocinios, acumulados en el Riggs Bank.

Es de esperar que nuestro asceta viajero cuando regrese de su visita oficial a Bolivia no haya cedido parte de nuestro patrimonio marítimo, ni haya consumido en exceso los afamados productos locales y que, conforme a sus convicciones religiosas, haga los debidos actos de constricción por sus capitales pecadillos de acuerdo a los cánones de la iglesia católica o que ingiera los abominables platos con que se castiga la gula en el tercer circulo del infierno de La Divina Comedia de Dante. 

 

Paris, octubre 2026.